miércoles, marzo 30, 2011

El interrogante árabe

Por Eduardo Zamorano

Abogado laboralista /master en Inteligencia estratégica por la Univ. Nac. de La Plata).  

Columnista de Construcción Plural, el programa de Fernando Mauri.  




La rebelión de los pueblos árabes de Africa del Norte contra sus gobernantes dinásticos, autoritarios, y corruptos es un fenómeno sumamente complejo.  En este sentido, asumo de inicio mi temeridad al tratarlo en Abordajes; sin embargo, los lectores deben recibirlo como las reflexiones de un lego en la materia,  sorprendido y módicamente esperanzado.

Mis dificultades nacieron tempranamente cuando debí elegir una palabra para designar la naturaleza de las puebladas.  Luego de prolongadas cavilaciones, opté por “REBELION” ( “levantamiento público y hostil contra los poderes del Estado con el fin de derrocarlo” ).    Me pareció prematuro calificarlas de “REVOLUCION” pero insuficiente motejarlas de “REVUELTAS”.


CARACTERISTICAS DE LOS SUCESOS

Hay caracteres comunes a los estallidos ocurrido en Túnez, Egipto, Libia, y Marruecos, los cuales es interesante puntualizar.


1.- Aparición súbita y sorpresiva. Imprevisión de diplomáticos, agencias de inteligencia, y analistas.

2.- Crecimiento espontáneo y exponencial de las masas opositoras. Rol decisivo de las conexiones a través de las redes sociales informáticas (Facebook; Twitter; etc).

3.- Reacción en cadena propagándose, en modo fulminante, de Túnez al resto de los países del Magreb.

4.- Posturas políticas oscuras y difusas de los activistas. Inexistencia de una ideología o tendencia religiosa (se entiende: dentro del Islamismo) hegemónica.

5.- Ausencia de líderes populares conocidos, carismáticos y aglutinadores.

6.- Expresiones de menor virulencia en países árabes monárquicos (excepto Bahrein), o islámicos no árabes (Irán, Paquistán, etc).


ORIGINALIDAD DEL MOVIMIENTO

Las características enumeradas tornan arduo encontrar analogías   -y hasta semejanzas-   entre el levantamiento árabe y otros movimientos rebeldes a lo largo de la historia.

Si nos atenemos a procesos, más o menos, recientes no caben las equiparaciones lineales.
Veamos algunos ejemplos para percibir lo que vengo diciendo.


El “Mayo Francés” de 1968 fue también un reclamo libertario y antiburocrático. Pero, en rigor de verdad, el sujeto colectivo movilizado era la juventud universitaria de clase media y los intelectuales; grupo ávido de romper más con la cultura y educación burguesas que con el sistema económico capitalista.  Tampoco existen paralelismos con la breve gestión liberadora de Alexander Dubcek (“La Primavera de Praga”, Checoeslovaquia en 1968);  el gremialismo católico anticomunista de Lech Walesa (Polonia, en 1980); o el movimiento juvenil contra la opresión y la censura que terminó en la Masacre de la Plaza de Tiananmen (China, en 1989).

Los episodios antes mentados estuvieron circunscriptos a un país o una determinada ciudad, reconocían un comando político, y perseguían objetivos definidos.

Por el contrario, la rebelión árabe muestra a vastos sectores juveniles hartos de la brutal desigualdad social impuesta por sus regímenes despóticos, ahogados por sus gobiernos autocráticos y dinásticos, agobiados por las restricciones políticas, angustiados por el desempleo, y fundamentalmente pauperizados (vrcia: en Egipto el salario mínimo mensual es de U$S80, importe aproximadamente equivalente al valor de una comida en los hoteles cinco estrellas de El Cairo).

Estos fueron los núcleos sociales que dispararon la rebelión. Al comienzo pequeños y aislados, lograron un crecimiento prodigioso contagiando su fervor al resto de la población e, incluso, encendiendo la mecha contestataria en los países vecinos.

Hay estudiosos de fuste que asignan enorme trascendencia a la rebelión árabe al punto de sostener que “…para Oriente próximo es el equivalente de la Revolución Francesa para Europa en 1789; o el colapso soviético para el mundo comunista en 1990”.
Dominique Moise, en Revista Noticias del 5/3/11, páginas 106 y siguientes.

Aunque esta afirmación luzca exagerada y prematura, vale la pena considerarla y rastrear las causas profundas del movimiento.


LAS CAUSAS

Es indispensable realizar dos puntualizaciones previas.

Una es casi obvia: si bien existen rasgos que son comunes a todos los pueblos árabes, generalizar estas semejanzas es equivocado como también no distinguir entre sus diversos contextos políticos, religiosos, y económicos.

La otra aclaración se vincula con un aspecto fundamental, frecuentemente olvidado por los comentaristas que abordan esta temática.



El pueblo árabe   -y aquí me refiero a la comunidad en su conjunto, más allá de sus ámbitos nacionales- posee una cultura que no es sencillo aprehender mediante los esquemas de pensamiento occidentales.
Me explico: el Imperio Arabe fue el más prolongado en la historia mundial ( casi siete siglos), construyendo una civilización ejemplar, pródiga en adelantos de todo tipo.

A comienzos del siglo XVI, los árabes fueron sometidos a coloniaje y/o dependencia por sucesivas potencias: turcos otomanos, ingleses y franceses, estadounidenses y soviéticos; para culminar con una resistida tutela norteamericana cuando el  Imperio supérstite logró la supremacía mundial.

Para colmo de males, en la segunda mitad del Siglo XX, se produce la emergencia de Israel en el corazón de su territorio y sede de sus lugares sagrados.  En poco tiempo, el estado judío exhibe una portentosa capacidad militar, y les infringe derrotas humillantes, todo lo cual exacerbó la animadversión hacia Occidente y su cultura.

Por lo tanto, más allá de la incorporación de tecnología instrumental,  los pueblos árabes no se hibridizaron culturalmente, y están  -en cierta forma-   detenidos en el tiempo.

Concepciones teocráticas del Estado, la religión impregnando lo público y lo privado, familias extendidas o clanescas, y sometimiento de la mujer, son aspectos que configuran su cosmovisión.

El problema es que a partir de este modo de vida se apuntalan y justifican privilegios y desigualdades. Estos resabios semifeudales se tornan insoportables para vastos contingentes de jóvenes que, como dije, sufren: pobreza, desempleo, y represión.


LA CUESTION RELIGIOSA

El Islamismo es la religión monoteísta más moderna. Hay más de mil millones de musulmanes en el mundo y, si excluimos todas las variantes del cristianismo, es el culto más numeroso de los actualmente existentes.

No todos los mahometanos interpretan sus textos sagrados y la historia de Mahoma (su máximo Profeta) de una manera homogénea.
Las dos ramas principales son la sunita y la chiita, aunque con marcado predominio de la primera. Estas vertientes implican no solamente divergencias en el plano teológico sino que se proyectan en discriminaciones sociales y hasta cruentos enfrentamientos.

Más allá de estas diferencias el Islam es una religión que no sólo gobierna la vida privada del individuo, también manda y regula todos los aspectos de la vida pública.

Como la noción de adoración en el Islam no está restringida sólo a los rituales, sino que  incluye a las acciones de obediencia y bondad de los fieles, también el concepto de religión se extiende a todas las avenidas de la vida en la Tierra.
Para el musulmán, los conceptos de religión y Estado son inseparables. Al tener este principio fuertemente internalizado, cualquiera sea el sistema de gobierno que los musulmanes elijan implementar, deben estar en acuerdo directo con los preceptos de la religión.
De ninguna manera puede el sistema de gobierno excluir, abrogar o sustituir a ningún mandato del culto omnipresente.

Ahora bien, partiendo de esta modalidad teocrática en la organización estadual y absorbente del individuo, rasgos manifiestos de todo el Islam, en ambas ramas hay tendencias moderadas y radicales.

Dentro de la corriente sunita han crecido notoriamente las sectas denominadas wahabitas las cuales, a más de profesar un rígido tradicionalismo, se plantean reconstruir el imperio árabe y destruir a quiénes se opongan a este designio.

A su turno es conocida la intransigencia y belicosidad de los chiitas inspirados en las teorías de los Ayatollas iraníes.

Pues bien, en los últimos treinta años, perdidas las esperanzas del laicismo nacionalista de Nasser y del Partido Bath entre otros,  el radicalismo religioso cobró un prestigio extraordinario entre los jóvenes árabes, transformándose en el ámbito propicio para descargar sus frustraciones y dar sentido a sus vidas.
No es necesario mencionar que este hipertrofiado compromiso religioso derivó en organizaciones terroristas que han producido cruentas masacres,  muchas usando el aterrador recurso del martirio de los militantes,  afectando a los pueblos árabes y a naciones occidentales.

Esta rebelión en el Magreb parece discurrir por carriles distintos, abriendo una perspectiva esperanzada en cuanto a democratizar y secularizar las sociedades árabes.  Eso, sumando a otros elementos, puede contribuir a lograr la ansiada PAZ en esa convulsionada región del planeta.

A pesar de todo,  abrigamos más dudas que certezas. Los procesos abiertos en los pueblos árabes norafricanos todavía son inciertos en cuanto al curso que finalmente seguirán.

De allí que remataré esta nota parafraseando a un estratega criollo que, ante escenarios políticos confusos e indefinidos, echaba mano de un dicho campero:

“desensillar hasta que aclare”.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

<< Página Principal