viernes, febrero 13, 2015

Una entrevista al subconsciente del oficialismo:


Por Bernardo Poblet - ensayista/columnista de Construcción Plural


¿Fin de ciclo? ¿Y qué? ¿Qué nos van a perseguir? Con cada acusación aplicaremos la estrategia que dominamos, tradicional, simple y efectiva: rostro de indio navajo y negar todo. El problema siempre es del otro que tiene que probarlo.

¿De qué se nos acusa?

¿De no hacer una transición ordenada? Para qué? Mejor que sea a las trompadas porque con  el tiempo juega a favor. Nadie recordará hechos ordenados, lo que perdura es lo que genera ruptura, conflictos, confrontación. La gente se engancha con el bolonki.

¿Qué nos van a pasar las facturas de la herencia? ¿Pagar las cuentas? Bueno, si el que nos suceda se anima a realizar un shock para ordenar la mixtura que dejamos, es probable que muchos crean que efectivamente el balurdo se lo dejamos nosotros. Pero no hay peligro, ninguno tendrá el coraje para hacerlo,  apelará al gradualismo y un año después, como la agonía lenta duele, se les volverá en contra. Cuando  pisen  las bombas disimuladas en los campos minados que dejamos….tarde viejo….Y ahí apareceremos nosotros para demostrar que nuestro modelo hacía feliz a la gente..

¿Que hemos aprobado leyes fundamentales a lo guapo, sin consenso?  Tenemos la voluntad de poder. ¿Tortillas sin huevos? ¡Así se hacen las cosas! ¿Quién se acordará si hubo acuerdos o no? Las leyes quedan y nuestra gente las aplican ¡Aprendan maricones!

¿Qué hemos gobernado montados en la inflación? ¿Y qué? Una copita de inflación cada día, estimula y sienta bien, es un licor dulce que marea un poco, empuja al consumo y tiene el efecto de la anestesia porque la gente termina pagando un  impuestaso casi sin dolor.

¿Que nos pasamos denunciando conspiraciones? ¡Bajen de la parra muchachos! el poder y las conspiraciones son hermanos mellizos; está claro que los que no están en el poder confabulan, maniobran, intrigan, traman, mienten, engañan. ¡Qué nos van a hablar de conspiraciones! Nadie sabe más que nosotros.  

¿Qué nunca aceptamos que  todos somos iguales ante la ley?  Error, mi amigo, error, eso es para la poesía. Lo real es que hay iguales distintos ¿Es lo mismo el amo que el esclavo? ¿El que obedece que el que manda? Solo ejercemos el  derecho de los fuertes, hay que darle al poderoso lo que es del poderoso y al débil  lo que es del débil.

¿Qué lo que tocamos lo dividimos? ¿Siempre en la pelea? ¿Buscando un enemigo para arengar a la tropa? ¿Y..?  ¿Dónde viven? ¿Nadie lee historia? Así se reina desde Matusalen en adelante. Y funciona.

¿Qué quedaremos en la historia como los más corruptos? Poco probable, si no, miren la historia;  desde Rivadavia y sus negociados hasta acá. ¿Quién no metió la mano en la lata? Los prolijos tipo Ilìa se desvanecen, solo quedan en una lista oficial sin pena y sin gloria. ¿A quién le importa lo público? Nuestros votantes –que es decir el pueblo- son gente que se concentra en el micromundo de  su familia: tener unos mangos en el bolsillo, consumir, un laburo seguro, si es público mejor, y si no hay otra cosa, un plan de ayuda.  Receta fácil, económica y efectiva.

¿Que nos acorralen con negociados y esas cosas? Lo intentarán,  pero pasará. Habrá muchos de nuestros socios con fuero, amigos en el parlamento, entre los judiciales, algún que otro espía, con eso iremos tirando: lentitud en las demandas, cajoneo, chicanas, dilación; y bueno, algún perejil tendrá el rol de botón de muestra.

Es verdad que en esos asuntos tenemos un  problema, en algunos casos fuimos desprolijos, se nos fue la mano; la seguridad de durar veinte años, prescripción, olvido. No nos salió perfecto. Y el caso es que no estamos acostumbrados a resolver problemas de entrecasa. Si quedamos desnudos al aire libre nos molestará bastante ocuparnos de trámites de defensas que son para la gente común. Pero eso pasará.

Y si los acusadores se ponen agresivos porque las evidencias son contundentes, los acusaremos de violentos. Es esencial aparecer en los medios. Aunque sea con mala imagen;  importa  trasmitir una sensación de víctima acosada. La sensiblería está latente, muchos se identificarán con  la protección al débil.

Y si insisten por los medios cruelmente opositores, tenemos  los revisionistas que re-escribirán la historia de los derechos humanos y los derechos de los funcionarios y nos reivindicarán. Esperamos, eso sí,  que no choquen mirando el espejo retrovisor como les pasó a los del Instituto de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego. Un papelón.

¿Qué no formamos equipos ni menos sucesores…? ¡Claro que no! Somos un país de caudillos. Los caudillos son únicos, los moldes se rompen.. Hasta que surja uno nuevo. El tiempo es circular, siempre renacemos, nos reinventamos. ¿Qué equipos? El secreto es rodearse de  incondicionales ¡incondicionales¡ que estén dispuestos, por unos morlacos para los gastos y alguna carpeta con datos sensibles, a que les hagamos la lista hasta del personal doméstico de sus casas. Disciplina partidaria que le dicen ¿vio?

Dicen que no somos simpáticos, que no podemos ni asomarnos al balcón o caminar por la calle como cualquier ciudadano respetado. Tal vez tengamos una imagen deplorable pero perduramos lo más campantes.  Acuérdese, al final, cuando aparezcan las inevitables piedras en el camino, el tiempo, que es un sabio juez, demostrará que nuestro modelo populista es el mejor. En política, la memoria registra con más intensidad  lo bueno que lo malo.  

Sin embargo -pensando en el bronce-  tenemos una basura en el ojo que molesta y mucho, la teoría de  Inodoro Pereyra: “el tiempo no es tan güen juez, condenó a un animal güenaso como el dinosaurio y mantuvo viva a la cucaracha, esa porquería de bicho”.

No faltarán desalmados que nos consideren cucarachas pero, bueno, saldremos de noche. Nadie es perfecto.


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