jueves, abril 10, 2014

El mazazo de Moyano, Barrionuevo & la izquierda a CFK


Por Fernando Mauri


El paro ya es historia. Fue contundente, y sorprendió a partir del alto acatamiento en el sistema de transporte - ya sea trenes, colectivos y subtes- 
que superó incluso las expectativas previas.
Asimismo, constituyó un claro mensaje al que el Gobierno de CFK más allá de lo que diga en público, no podrá hacer oídos sordos. 
Indudablemente la recomposición de relaciones de Moyano con los gremios ferroviarios y de colectiveros resultó medular a la hora del rotundo éxito de la medida de fuerza, si se repara en que cuando el camionero rompió lanzas en su alianza por conveniencia mutua con el kirchnerismo no contaba con estos dos sectores, vitales para paralizar el país.
Discutir acerca de la real voluntad de los trabajadores de adherirse a la protesta o por el contrario trabajar normalmente a esta altura es intrascendente, políticamente hablando. El grado de éxito de un paro general se mide en Argentina desde hace años por el poder de paralizar el transporte, y no se lee desde la voluntad o no de un cese de tareas del ciudadano de a pie.
El paro fue impactante, y excede la poco representatividad, escasa seriedad y menos aún transparencia de Luis Barrionuevo y de Hugo Moyano, hasta no hace tanto socio política de primera línea de Néstor y Cristina Kirchner.
Hábil y conservadoramente, Moyano decidió guardarse para una próxima ocasión la carta de la movilización a Plaza de Mayo, seguramente influenciado por su último exiguo acto de hace más de un año.
Resultaron muy pobres las argumentaciones acusatorias del jefe de Gabinete Jorge Capitanich, en el sentido de que se trató de una medida política, “antidemocrática”, de un gran piquete nacional con paro de transporte y que a la vez buscaba favorecer la candidatura de quien lidera tranquilo las encuestas para las presidenciales del 2015, Sergio Massa. 

Todo paro es político, qué duda cabe... y si la influencia de Massa fuera cierta, el poder del ex intendente de Tigre resulta enorme y debería sobrestimarse por lo tanto su figura.  A decir verdad,  el Gobierno no cree que Massa haya digitado a Moyano, Barrionuevo, Pablo Micelli y la izquierda, es más bien más fulbito para la tribuna.  
Ahora, que un sector se erija en el dueño de la democracia ya de por sí es un relato más preocupante.
Seguramente sería más provechoso como estrategia poner en discusión la cohesión futura de este matrimonio forzado entre distintos actores, donde la izquierda repudia a Moyano, Micelli censura a Barrionuevo, etc etc. 
Renglón aparte, el acompañamiento de impresentables como Eduardo Buzzi de la Federación Agraria, siempre tan volátil en sus elecciones. 
Adquiere mayor legitimidad en todo caso la agenda de reclamos expuesta (ajuste, inflación y su consiguiente pérdida del salario real estimada en 5% para todo 2014, impuesto a las Ganancias, inseguridad, situación de los jubilados, etc etc.) aunque puede haber seguramente otros que se trata de mantener secundarizados o hasta ocultos (los fondos de las obras sociales que el Gobierno retiene y no liquida a los gremios, algunos cuantifican esa deuda en más de 20 mil millones de pesos).
Desde el oficialismo se alega que existen paritarias libres, cuando eso es desde lo formal, ya que en la práctica como nunca en estos últimos 10 largos años se presiona desde el Ejecutivo a empresarios y sindicatos a cerrar no más allá del 25% buscando imponer un virtual techo en las negociaciones.
Sin duda merece ser censurada la puesta en práctica de piquetes -se calcularon una media centena en al menos una decena de provincias- por parte de agrupaciones de izquierda, cuyo poder reside precisamente en la movilización, en el juego de poner gente en la calle. Ahora, el mismo Gobierno “Nacional & Popular” que se cansado de alentar cortes de rutas o calles difícilmente esté en condiciones de criticar este accionar, que de todos modos es repudiable porque impide la libre circulación de alternativas de transporte (autos particulares, taxis, combis, etc). Debe contextualizarse que para esta izquierda que Moyano decidiera no movilizar a un gran acto de cierre obró como casi un sacrilegio.  
No es un dato menor el aporte de la izquierda que va registrando últimamente un crecimiento lento pero firme en distintos sindicatos, ramas y seccionales, seguramente en función de su coherencia y honestidad lejana a acuerdos espurios bajo la mesa con la dirigencia empresaria a la que son tan afectos algunos caciques gremiales.
Sin dudas, entre los grandes derrotados de la jornada de ayer están los Caló y los Yasky, líderes de vectores de representación sindical oficialistas.
  
Para la anécdota, resultó casi enternecedor observar la desesperación del metrodelegado enrolado en las filas neo K, Néstor Segovia, quejándose por el no funcionamiento de los subtes, cuando  se ha cansado de liderar paros salvajes que afectaron a los usuarios, y que alcanzaron su cenit en aquella huelga por tiempo indeterminado de agosto de 2013.  Aquella vez, los subtes no circularon 10 jornadas seguidas.
Ahora, ¿cómo sigue la historia? ¿Moyano pondrá el pie en el freno por un tiempo o acelerará rápidamente como presionan desde Barrionuevo a la izquierda combativa, en pos de un paro de 36 hs y una movilización a Plaza de Mayo? El camionero seguramente avanzará, pero lo hará cautelosamente, “todo en su medida y armoniosamente”. 

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