sábado, febrero 14, 2015

El SINDICALISMO frente a un AÑO ELECTORAL

 Por Eduardo Zamorano

Abogado - Master en Inteligencia estratégica por la UNLP

Columnista de CONSTRUCCION PLURAL, el programa radial de Fernando Mauri.


Tradicionalmente en nuestro país los años “electorales” gravitan sobre la vida gremial. Pero en esta coyuntura puede acentuarse la incidencia de los comicios sobre el posicionamiento político de los sindicatos por cuatro motivos convergentes:

•             Se elige Presidente de la República.
•             No existe posibilidad constitucional de reelección.
•             El oficialismo no cuenta con un delfín, confiable y de su propia cepa, con chances de alcanzar el triunfo.
•             Tampoco desde la  oposición (o desde una tímida y disimulada disidencia) emerge un candidato con alta probabilidad de ocupar el Sillón de Rivadavia.

Va de suyo que los gremios están atentos a las circunstancias anteriores; la primera por su obvia  trascendencia y las restantes por la considerable incertidumbre que conllevan.

En esta nota comentaré los principales temas de preocupación que marcarán la agenda del movimiento sindical en los próximos meses.

Una cuestión previa: no puede soslayarse que un suceso ajeno en principio al acontecer gremial   -me refiero a la denuncia del Fiscal Alberto Nisman  así como su imprevisto fallecimiento en un contexto confuso y alarmante-   puso entre paréntesis algunas iniciativas de sus cúpulas. Ante un cisne negro que convulsiona el tablero político, siguen fieles al recetario del General: “desensillar hasta que aclare”.

Por ese motivo, en lo inmediato, actúan con una circunspección y compostura dignas de imitación en otras esferas.  Empero, aunque el clima político continúe crispado por el episodio Nisman y sus eventuales secuelas judiciales, el próximo mes de marzo implicará el comienzo de las grandes paritarias, con toda la efervescencia que rodea este proceso.

1.- Precisamente las negociaciones salariales en ciernes marcan un primer problema.
Durante las tenidas de años anteriores hubo lo que se bautizó como “pauta” gubernativa de incremento de los haberes convencionales. Primero, en situación de fortaleza, el Ejecutivo fogoneó directamente el porcentaje deseado. El último año, complicado en lo económico, este cometido descansó en la paritaria metalúrgica para que actuara como paradigma hacia los demás sectores de la actividad económica.
El experimento tuvo un resultado medianamente satisfactorio ya que la pauta fijada por la UOMRA fue sobrepasada, de manera explícita o encubierta, por acuerdos posteriores.
En 2015, es muy dudoso que se replique este temperamento; más aún, hay quiénes afirman que no habrá “pauta” ya que el Gobierno apuesta a elevar los salarios con vistas a estimular el consumo y conservar su base electoral.

2.- Las dificultades para encolumnarse en base a un criterio, más o menos, uniforme en materia salarial derivan de dos factores. Por una parte, en el campo empresario, si bien existe una tendencia recesiva generalizada, hay disparidad en la situación que atraviesan las diferentes actividades (incluso las distintas ramas dentro de un mismo segmento) lo cual pudo vislumbrarse en el comportamiento desarrollado a propósito del “bono compensatorio” que varios gremios peticionaron  -y no todos obtuvieron-   hacia fin del año pasado y comienzos del presente.
Pero además de los desniveles que presenta la vida económica, deben sumarse las divisiones dentro del Movimiento Sindical que no muestran signos de reconducirse.


3.- Hay en el escenario cinco “cegetés” con visiones discrepantes sobre la realidad del país, las cuales se traducen en tácticas sindicales y preferencias políticas diversas; en algunos casos, marcadamente contrapuestas.

El sindicalismo, llamémosle tradicional, ofrece tres vertientes:

•             CGT  “oficial”, que ostenta la personería gremial como entidad de tercer grado, comandada por el metalúrgico Antonio Calo. Está formalmente alineada con el gobierno pero al interior de los gremios que la integran brotan aires de disconformismo, discretos en el nivel dirigencial pero más ruidosos entre los cuadros intermedios, y las bases.

•             CGT “moyanista”, que está políticamente alejada del gobierno, dispuso paros generales que no tuvieron la repercusión esperada,  y sigue amagando con “planes de lucha” los cuales no concreta a la vista de las deslucidas experiencias anteriores, y vela sus armas a la espera de un ambiente más propicio.

•             CGT “barrionuevista”, con el inefable gastronómico al frente. Exhibe una postura crítica y agresiva hacia el gobierno, propone medidas de fuerza desproporcionadas, pero ante la reticencia del moyanismo y sabedora que carece de poder de fuego para cortarse sola, se limita a caldear al ambiente.


A su turno, el sindicalismo alternativo hoy sufre la divisoria de aguas que se concretó hace un tiempo y derivó en dos centrales “simplemente inscriptas”:

•             CTA “de los Trabajadores”, liderada por Yasky. Está pagando un alto precio por su identificación con el oficialismo, al punto que muchos coinciden respecto a que su identidad gremial perdió claridad y (des) luce un tanto confusa.

•             CTA “Autónoma”, bajo la batuta de Miceli. Tampoco surge como una opción atractiva.  Sus movilizaciones de protesta contra el gobierno, fungiendo como furgón de cola de Moyano, incluso hasta soportando algún desaire del camionero, no favorecen el reclutamiento de nuevos adherentes combativos, posibilidad latente ante el seguidismo oficialista de su rival dentro de esta línea.


4.-  “A rio revuelto, ganancia de pescadores”.
En contraste con la erosión que sufren los nucleamientos sindicales más importantes, hay un notable y sostenido crecimiento del sindicalismo “ultramontano”.  Esta definición  -que no se pretende peyorativa o desvalorizante porque está referida a su metodología de acción sindical-,  comprende a militantes gremiales que adscriben a los partidos políticos del revulsivo espectro trotskista argentino.
Aludo a las agrupaciones que, más allá de sus interminables debates internos sobre la historia del movimiento revolucionario mundial, reconocen como referente icónico a León Trotsky, el célebre político y teórico ruso.
Estos grupos (Partido Obrero; Partido de los Trabajadores Socialistas; Movimiento al Socialismo; Nuevo Mas; y otros menores) han conseguido implantarse en cuerpos de delegados, comisiones internas, y hasta seccionales gremiales correspondientes a establecimientos de gran porte.
En un momento de desconcierto político, con un desprestigio de la dirigencia sindical que   -merecido o no-   viene de arrastre, y frente a un panorama recesivo en el horizonte, el trotskismo sindical es visualizado por importantes contingentes de trabajadores como una opción combativa, consecuente en sus posturas, y no corrupta en su comportamiento.
Esta percepción, comprensible en el marco signado por el descreimiento en el valor del diálogo y el consenso, desdeña una perspectiva de mediano plazo e ignora los catastróficos resultados que para los propios laburantes, en todos los tiempos y latitudes, ha generado la ideologización extrema del manejo sindical.


5.- En mérito al breve análisis precedente, es dable esperar momentos de gran tensión en los meses inmediatos, mientras se desarrollen las negociaciones salariales.
Por el contrario, ya cuando apremie el calendario electoral hacia fines de junio, es previsible que amaine el conflicto.  Esta presunción se sostiene en esta hipótesis:

•             El sindicalismo, tanto tradicional como alternativo, buscará aumentar su representación política, en cuarto mengüante en los últimos años, persiguiendo bancas parlamentarias a nivel nacional y provincial.  Sin remontarnos a los setenta  -no olvidemos que hubo una etapa que se llamó: “la patria metalúrgica” por el predominio avasallante de la corporación sindical-, arrancando a partir de la recuperación democrática, hubo proliferación de gremialistas en cargos importantes. Memoro con algunos ejemplos: Diego Ibáñez (durante siete años presidente del bloque de diputados justicialistas); Oraldo Britos (Vicepresidente del Senado Nacional), y una presencia dominante en la cartera laboral: Antonio Mucci (gráfico); Hugo Barrionuevo (fideero); Carlos Alderete (Luz y Fuerza); Jorge Triacca (plástico);  Miguel Unamuno (bancario); y Alfredo Atanasoff (municipal). En contraposición, la última década no fue pródiga en lugares relevantes para la dirigencia sindical. Incluso la autoproclamada candidatura a primer magistrado de Moyano en el recordado acto del estadio de River, además de recibir el desdén de la Presidenta, quedó jibarizada a la presidencia ( muy honorable por cierto) del Club Atlético Independiente.

•             No es diferente, aunque suene extraño, la situación del sindicalismo trotskista.  Ello por cuanto también registran avances sorprendentes en el terreno electoral, campo que tradicionalmente despreciaron y cuyo usufructo circunstancial justificaron en objetivos proselitistas. Hoy tienen diputados nacionales, provinciales, y concejales. Si bien en una elección presidencial, los candidatos principales traccionan votos para todos los cargos, no es desdeñable el corte de boleta (práctica, antes infrecuente, pero que ha ganado adeptos en las últimas compulsas cívicas). En este sentido, para expandirse sus apoyos y captar desilusionados de clase media, no es recomendable la lucha de calles o acciones que, indirectamente, perturben a la gente.


En resumidas cuentas, en materia de relaciones laborales, es previsible “un clima tormentoso” de marzo a julio; que “escampe” en agosto; y con “calma chicha” hasta las elecciones.

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