Factores de interés en el marco de la integración energética regional
Por Lisandro Zamorano
La integración energética regional se entiende como el desarrollo de políticas, instituciones,
marcos regulatorios e inversiones en infraestructura que aseguren la coherencia entre las
intervenciones nacionales y regionales para contribuir a diversificar la oferta, la demanda y a
mejorar la eficiencia en el suministro energético con el fin de obtener precios más
competitivos y servicios de mejor calidad. Por otra parte, en cuanto se densifica la red de
interconexiones entre los países, aumenta el potencial de intercambio, motivo a partir del
cual el comercio trasfronterizo de electricidad surge con las características de un fenómeno
bilateral para volverse, si el proceso se desarrolla correctamente, de carácter regional. Las
reglas de intercambio deberán ser estables, brindando previsibilidad, pero a la vez, tener el
margen de flexibilidad necesario para ser adaptadas a circunstancias cambiantes en virtud
que las estrategias nacionales responden a objetivos que no son necesariamente
coincidentes y que pueden modificarse en el tiempo. Esto conduce invariablemente a la co-
creacion de sistemas de diseño, incluyendo la organización apropiada de energía, el
intercambio de valor y la generación de conocimiento transferible para el diseño y operación
pero también para el cambio organizacional y cultural. Los elementos de investigación,
desarrollo tecnológico e innovación se observan como importantes medios para el objetivo a
cumplir. Las innovaciones son iniciadas y ejecutadas en tres ramas, de tecnología,
organización y transición.
Desde el punto de vista técnico, se trata de abordar la construcción o adaptación de líneas
de transmisión y subestaciones de potencia que permitan el libre flujo de energía entre las
naciones implicadas. Es entonces cuando el intercambio de energía entre países vecinos
puede ser viable si se concentran en hacer una red eléctrica con nivel de voltaje y frecuencia
común. En el caso que esto no acontezca, se deberá considerar, además, la implementación
de sistemas eléctricos adicionales, como por ejemplo conversores de frecuencia que
posibiliten la interconexión. En este sentido, urge que los sectores involucrados tomen la
seguridad energética como una prioridad y un objetivo estratégico.
En cuanto a nuestra región, en el MERCOSUR, las interconexiones más exitosas tuvieron
presencia en centrales hidroeléctricas binacionales que aprovecharon los flujos hidráulicos
de ríos fronterizos entre Paraguay, Brasil, Argentina y Uruguay. Aproximadamente el
70% del total de electricidad importada en la región la realiza Brasil, seguido por América
Central. La elevada influencia de Brasil se debe de forma exclusiva a la compra que le realiza a Paraguay de la energía que le corresponde de la central binacional Itaipú. Las centrales binacionales representan un caso muy particular de integración, que aprovechan un recurso compartido representado por un río que sirve de frontera entre naciones. Un caso similar ocurre con Argentina, quién le compra la porción de la energía que le corresponde a
Paraguay de la central binacional Yacyretá. La energía producida por la otra gran central
binacional en la región, Salto Grande, entre Argentina y Uruguay, realiza ventas equitativas a ambos países, no considerándose intercambios internacionales. Los países del Cono Sur,
básicamente Paraguay (centrales binacionales Itaipú y Yacyretá), son los mayores
exportadores de electricidad en la región alcanzando valores cercanos al 80% del total, a
partir de 2014 siguen los países de SIEPAC y en tercer lugar México.
En función de observar los beneficios que se dan como consecuencia de la integración
energética regional, está el aprovechar economías de escala para proyectos de generación,
transmisión e interconexión internacional, lo cual conlleva el hecho de que si un país de la
región latinoamericana se integra con sus vecinos, cada escalón de precio se hará más
pequeño en términos relativos a todo el sistema, optimizándose la mezcla de fuentes, la
operación y el uso de las reservas. Al tener máquinas más pequeñas en relación con el
tamaño del sistema, cada una va a estar operando a su régimen óptimo. Generalmente, las
unidades operando a baja carga tienen eficiencias significativamente inferiores.
En este marco, también tiene lugar el almacenamiento de energía que se guarda por un
lapso de tiempo para ser utilizado después, con enfoques híbridos que combinan pronósticos
climáticos, modelos ad-hoc locales y mediciones en tiempo real. A pesar de que los procesos
de integración energética se vienen gestando por décadas, aún queda muchísimo por
avanzar. Este fenómeno no es exclusivo a la región. Otras regiones, con institucionalidades
más avanzadas, como Europa, también presentan barreras a integraciones más profundas. El
nivel de complejidad en los procesos de integración regionales son altos, factor que impone
una serie de obstáculos a la implementación de las interconexiones cuando estas se
encuentran disponibles.
Una de las miradas de este fenómeno reside en el valor de las inversiones ya realizadas.
Desde el punto de vista financiero, existen riesgos crediticios o de variaciones cambiarias,
incertidumbre en los flujos de fondos porque los pagos dependen del diferencial de precios
entre los países, los cuales a su vez dependen de una gran cantidad de variables. Al tener en
cuenta la influencia política en este fenómeno, la dependencia energética por el país
importador es castigada fuertemente cuando existen interrupciones originadas en terceros
países o cuando se percibe que el flujo de pagos es mayormente unidireccional. Tomando en
cuenta al país exportador, se puede ver políticamente como algo negativo si la demanda
externa hace subir los precios del mercado doméstico. El hecho de lograr un aumento de la
integración regional debe realizarse por varios frentes, aunque no necesariamente de
manera simultánea.
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