Categorizando la guerra actual
Por Lisandro Zamorano
Nuevamente, en el marco de los conflictos militares que tienen lugar alrededor del mundo, el centro de la cuestión está en los modos de la guerra convencional y no convencional. En particular, el equipamiento y técnicas que son empleadas en el campo de batalla. Empezando por los tipos de combate de frente cerrado y abierto, ataques a infraestructuras, además de la incidencia de las condiciones geográficas, recursos disponibles, facilidades portuarias, aeródromos, tipo de vegetación, obstáculos materiales y longitud de las líneas de comunicaciones.
Asimismo, estamos en condiciones de establecer otro factor influyente en el tema: la competencia por recursos críticos, entre los cuales destaca el litio y la minería, donde Argentina tiene peso.
El resultado implica una disputa multisectorial de intereses muy marcada que puede aumentar su intensidad en la medida que las demandas no sean cumplidas, ya sea en el caso del alcance de los recursos o bien adentrándose en el formato de una nueva gama de confrontaciones, con actores estatales y no estatales presentes. Esta lógica conduce a tener que entender el fenómeno como un todo de sucesos y procesos interconectados y no tomándolo aisladamente en partes para querer encontrar alguna conclusión de mayor importancia.
Pese a la incertidumbre respecto de otra faceta no pero si complementaria de las guerras actuales (la guerra cognitiva, encaminada a ser de alta efectividad y un baluarte de los subsiguientes conflictos militares a gran escala, mediante los sistemas neurotecnológicos con el poder de inmovilizar al enemigo o alterar sus patrones de acción y movimientos en el campo de batalla), la infantería sigue siendo predominante junto a los tanques, vehículos blindados de combate, sistemas de artillería, lanzacohetes múltiples, unidades de defensa aérea, aviones, helicópteros, drones tácticos y operativos, misiles de crucero, buques o lanchas, submarinos, camiones cisterna y unidades de equipo especial.
Sin embargo, vale la pena volver a detenerse en el elemento cognitivo de las guerras. Más allá que se trata de algo de carácter reciente, como se expresó anteriormente—y muy poco presente en la esfera de los medios de comunicación— cuenta con datos relevantes para interpretarlo mejor. Además de su principal eje, que es el de formar armas tecnológicas, capaces de combinar tecnología con factores puramente humanos para así volcarlos al campo de batalla, existen también otros rasgos que se deben tener presentes. Biotecnología, nanotecnología, tecnología de la información y ciencias cognitivas, sumado a la hoy bien conocida IA, crearon un producto más elaborado: una compacta quinta columna, donde cualquier persona, sin saberlo, se comporta de acuerdo con algunos de los patrones de estas herramientas.
En segundo lugar, la preeminencia del componente humano, conocido en este tan obscuro contexto como ‘’la esfera de interés en donde las estrategias y operaciones son designadas e implementadas dado que, apuntando hacia las capacidades cognitivas de individuos o comunidades con un conjunto de técnicas específicas, influenciar su percepción y sabotear su capacidad deductiva y de razonamiento, por ello ganando control sobre sus propias decisiones, percepciones y conductas esperadas en cuanto a conseguir así los efectos deseados’’.
En definitiva, prevalece la competencia por dominar todas las dimensiones de lucha, combinarlas inteligentemente en el campo de batalla y agudizarlas con acierto en las formas que sean más adecuadas en la situación dada. Prevalece, también, el orden social post pandémico en un momento de mayor desarrollo tecnológico. El desafío está en el ser individual y colectivo en simultáneo. Las cartas de este amplio entramado probablemente ya están servidas para jugarlas en tiempo y forma.

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