miércoles, agosto 03, 2022

Estados Unidos, el pacificador ofensivo

 Por Alberto Hutschenreuter 




Las visiones de seguridad estratégica, tanto de Estados Unidos como de la OTAN, señalan: a Rusia como una amenaza directa para el orden mundial, y a China como el principal competidor y reto estratégico. Los hechos muestran que, frente a los dos actores, Washington ha descartado cualquier esquema o técnica de poder que implique la búsqueda de equilibrio. Es decir, la estrategia seguida se basa en la impugnación del concepto y la práctica de la seguridad indivisible. 

  

La seguridad indivisible implica un balance geopolítico entre poderes preeminentes, pues, en el caso de alterarse tal pauta, la seguridad de una de las partes se logra en detrimento de la otra parte. Por tanto, el resultado es la insatisfacción y la casi segura reacción por parte del que queda en desventaja. 

 

En estos términos, para los hacedores de la política exterior estadounidense nunca existió un "error fatídico" al ampliar la OTAN al este de Europa central (según la apreciación en clave de advertencia hecha por el diplomático George Kennan en 1997), es decir, la ampliación más allá de lo que fue el "ensanchamiento normal" de la Alianza para incluir a Polonia, Hungría y República Checa. 


Es cierto que desde 2014 Rusia desplegó una política exterior más arriesgada frente a Occidente (con quien hasta entonces había mantenido una política de cooperación); pero no menos cierto es que desde mucho antes, se podría decir desde el mismo final de la rivalidad bipolar, Estados Unidos ha basado su enfoque ante Rusia en una geopolítica de cuño ideológico-revolucionario, es decir, un enfoque que no se detendría hasta que Rusia cancelara su “gen geopolítico revisionista", olvidara convertirse en un super-poder euroasiático y "optara vivir junto a Occidente" (como lo intentó hacer a principios de los años noventa). En términos del experto Stephen Kotkin, el propósito consistía en que Rusia abandonara su "geopolítica perpetua". 


En este cuadro, ninguna lógica diplomática podía conceder a Rusia sus demandas estratégicas mayores antes del 24 de febrero pasado, esto es, una garantía de la OTAN de no expandirse al inmediato oeste y suroeste de Rusia, y que Kiev restableciera derechos a las poblaciones del este del territorio. Por tanto, el “fracaso” de la diplomacia implicó que Rusia invadiera Ucrania y comenzara una guerra, si no "funcional", al menos sospechosa de ser funcional en relación con aquellos propósitos. 


La invasión de Rusia también ha resultado “funcional” para el principal propósito de Estados Unidos en relación con sus aliados: evitar cualquier posibilidad de “fuga estratégica”, es decir, que (eventualmente) la Unión Europea o alguno de sus miembros más fuertes, digamos Alemania o Francia, se “emancipara” del ascendente que ejerce Washington sobre Europa. Hasta hoy, no solo ha logrado fortalecer la relación atlanto-occidental, sino que consiguió desacoplar energéticamente a la UE de Rusia, un propósito deseado desde hace tiempo, sobre todo desde que Estados Unidos alcanzara no solamente la autonomía energética nacional, sino la capacidad de ser uno de los principales productores de gas y petróleo. 

 

Esta concepción de “política de grandes potencias” se extiende también a China, el gran reto al poder estadounidense en el siglo XXI. 

 

En el Asia-Pacífico, el ascendente de Estados Unidos también ha buscado robustecerse a partir de lo que sucedió en Ucrania, sobre todo con los principales aliados de Nor-Asia (actualmente, Japón, que en 2014 aprobó una reinterpretación constitucional que le permite a las Fuerzas de Autodefensa apoyar con recursos a los aliados en caso de guerra, se encuentra en plena concentración de sus capacidades militares), pero también con los de la zona del Índico-Pacífico, particularmente, Australia, India y Nueva Zelanda. 

 

Aquí también predomina una concepción que excluye el balance o equilibrio de poder con el actor preeminente, China. La visita de la presidente de la Cámara de Representantes a Taiwán para reunirse con su presidente Tsai en momentos que ha crecido la tensión entre los dos grandes poderes, precisamente por la “provincia rebelde”, no es un acontecimiento ajeno a la estrategia de post-contención o de provocación creciente que aplica Estados Unidos sobre Pekín, una estrategia que supone el destierro categórico de lo que tradicionalmente fue la “ambigüedad” estadounidense en relación con el compromiso de defensa de Taiwán. En 2020, Richard Haass y David Sacks lo expresaban sutilmente del siguiente modo: “La mejor manera de garantizar que Estados Unidos no necesita salir en defensa de Taiwán es indicarle a China que está preparada para hacerlo. Lo que suceda o deje de suceder en el Estrecho de Taiwán bien puede definir el futuro de Asia”. 

 

Dicha estrategia se complementa con la ofensiva geoeconómica que lleva adelante Washington en la región: restringir mercados para los productos de China a través de acuerdos o marco comerciales entre Estados Unidos y los pujantes países del Asia-Pacífico. Tal vez, el propósito también apunta a impactar la economía china antes que la misma se revitalice con el impulso de la ruta de la seda euroasiática, una estrategia de Pekín que la “aleja” de las provocaciones estadounidenses en la región del Asia-Pacífico. 

 

En breve, ante Rusia y China, Estados Unidos se manifiesta decidido a aplicar estrategias de primacías sobre enfoques centrados en el equilibrio y la seguridad inseparable. Con el primero lo viene haciendo hace tiempo, al punto que quizá la guerra fue el resultado del uso de la técnica más riesgosa de poder. A juzgar por los hechos, ante China también predomina un enfoque que busca reducir la influencia de Pekín a través de una proyección de poder firme en su entorno, e incluso se muestra dispuesto a desafiarla militarmente si es necesario. 

 

La experiencia nos dice que es arriesgado sostener enfoques de primacía por largo tiempo. Una de las pocas lecciones del realismo es que la concentración excesiva de poder por parte de un actor acaba siendo retada por la acción de otros en ascenso. Como bien advierte John Mearsheimer, hace un cuarto de siglo Estados Unidos estuvo en condiciones de restringir o demorar el ascenso de China controlando, por caso, las exportaciones de tecnologías sofisticadas al país asiático. Pero no lo hizo porque predominó entonces el triunfalismo liberal: “No hay un ejemplo comparable de una gran potencia que fomente activamente el surgimiento de un competidor par”. Concluye el experto que hoy es tarde para ralentizar el crecimiento chino. 

 

Frente a Rusia, sin duda que el prestigio internacional de este país quedó dañado. Pero si el propósito era lograr impactar el frente socio-económico y, por tanto, el frente político con el fin de un posible desplazamiento de Putin por una elite propensa a occidentalizar la política externa rusa, ello no solo no se ha logrado, sino que posiblemente las relación ruso-china se afiance más en los próximos tiempos. 

 

Estados Unidos continuará siendo el único país grande, rico y estratégico del mundo, pero no por siempre. China se ha fijado plazos relativos con el ascenso de su poder militar, y su proyección de poder blando le ha permitido “colonizar” buena parte de los bienes públicos internacionales creados por Estados Unidos en 1945.  

 

En este contexto, persistir con un enfoque de supremacía en un mundo donde la estructura de poder está cambiando, y donde hay cuestiones domésticas que requieren atención tras el vendaval de la pandemia y las secuelas de la guerra, implica un alto riesgo, no solo para el “pacificador ofensivo”, sino para la seguridad internacional.   

 

La diagonal del consenso y el equilibrio no implica ninguna señal de apaciguamiento, y hoy es más necesaria que nunca si queremos evitar un nuevo siglo de perturbaciones y escenarios desconocidos.  


sábado, julio 30, 2022

Estrategia: Una cuestión discursiva

 Por Lisandro Zamorano


Hace más de diez años que los académicos Rafael Alberto Pérez y Sandra Massoni publicaron La Nueva Teoría Estratégica, un libro cuyo alcance trae consigo varios puntos importantes, aunque para la ocasión estaremos centrados en el factor discursivo, para lo cual está previsto que se piensen cuestiones políticas de fondo. Al buscar una definición sobre la Nueva Teoría Estratégica se menciona que ‘’el lector ya está familiarizado con el hecho de cada nuevo paradigma de la Estrategia (militar, matemático y económico) han traído una re-conceptualización de las nociones básicas de la actividad estratégica. La nueva teoría no iba a ser ajena a este proceder y también propone cambios conceptuales. 

  Al aportarnos una visión humano-relacional, al trabajar con las interfaces y con las diferencias y al enfatizar los aspectos transformadores y articuladores de la acción estratégica, la nueva teoría implica un fuerte re conceptualización de ciertas categorías. Por ello es importante no caer en la trampa de las palabras. Y siendo conscientes de que, como dice Nietzsche, no basta con emplear las mismas palabras, es necesario utilizar las mismas palabras referidas al mismo género de acontecimientos. 

  Piense el lector la cantidad de horas perdidas en discusiones inútiles y en charlas de café para terminar descubriendo que se debatía sobre cosas distintas. O, en el menor de los casos, de dimensiones distintas de una misma realidad. 

 Para el profesor de la Universidad de Defensa Nacional en Washington, Gregory Foster, establecer una terminología de lo esencial de los fenómenos y objetos de estudio sería lo primero que habría que hacer para construir una teoría de la estrategia. Una idea que Foster ha tomado prestada de Carl Von Clausewitz quien en el siglo XIX ya demandó un marco conceptual para organizar las ideas sobre Estrategia: ´´La primera tarea de cualquier teoría es aclarar términos y conceptos confusos´´. 

  Y sin embargo, en pocos campos de estudio hemos sentido tanto esa necesidad de disponer de una terminología de lo esencial (para entendernos) y de descriptores de los distintos fenómenos considerados (para avanzar en su estudio) como ocurre en el de la Estrategia. 

Muchas personas cometen errores por exceso de anticipación cuando lo prudente y lo estratégico hubiese sido esperas. Algunas situaciones constituyen juegos simultáneos y no secuenciales donde anticiparse puede ser provocar (uno mismo y no el otro) la catástrofe. Lo primero que el pensamiento estratégico nos enseña es que cada cosa tiene su tempo y que no hay que anticiparse a la hora de actuar. Una cosa es decidir y otra ejecutar y ambas pueden estar distanciadas en el tiempo. Podríamos concluir que, si bien no toda anticipación es estratégica en cambio, toda estrategia humana implica un pensamiento una decisión anticipatoria. Lo que introduce un nuevo e importante elemento: la decisión. 

  Como en su día denunció Schelling ¿Cómo explicar esta falta de desarrollo teórico? Ni siquiera tenemos una terminología medianamente aceptable. Una pescadilla que se muerde la cola, pues una buena parte de la confusión y de la imprecisión semántica se debe precisamente al abandono teórico en la que la han mantenido sus expertos en pos de un malentendido pragmatismo. Aunque no deseamos cargar las tintas en este argumento pues no es menos cierto que otra parte no menos significativa es por razones históricas. Tantos siglos de existencia nos han dejado una Estrategia rica en facetas, matices e interpretaciones.’[1] 


[1] Pérez, Rafael Alberto y Massoni, Sandra. La Nueva Teoría Estratégica. Página 137. 

viernes, julio 29, 2022

Felices porque el Riesgo país bajó a 2400 puntos


Por Israel Lotersztain
Master en Historia (Univ. Di Tella)


Hoy pareciera que estuviéramos en un mundo ideal, soñado, para la Argentina. 
El mundo requiere alimentos, energía, minerales como el litio, fertilizantes. Como si lo hubiéramos dibujado nosotros...
Podríamos aumentar sin mucho esfuerzo por lo menos en un 50% la producción de cereales, leche y carnes. Tenemos la segunda reserva de shale gas del planeta. Con él, además de licuarlo y venderlo podríamos producir urea muy económicamente. Tenemos potasio a patadas, el proyecto de Mendoza que la brasileña Vale abandonó cansada de los retornos que todos lo pedían. El litio para autos eléctricos abunda y es barato sacarlo. En poco tiempo duplicaríamos las exportaciones. 
Y todo esto sólo para empezar.

En el pasado el salto exportador se hizo básicamente con capitales externos. Fueron extranjeros los que trajeron buenas ovejas para cruzarlas con las locales que durante mediados del Siglo XIX produjeron la revolución del lanar. Los capitales europeos construyeron puertos y ferrocarriles. Chacareros italianos, franceses y españoles produjeron la gran revolución cerealera, e implantaron las pasturas para las razas de ganado adecuado al gusto del mundo. Barcos a vapor y frigoríficos extranjeros invirtieron para cargar todo eso y venderlo en todas partes. Desde ya, el proceso tuvo enormes problemas, puede criticarse mucho, pero se hizo
Pero por ladrones e imbéciles hoy en el mundo los argentinos no existimos. Ese es el drama. Pero ojo, estamos hoy felices porque el Riesgo país bajó a 2400 puntos.

jueves, julio 14, 2022

El naufragio estratégico de la "potencia civil' europea

 Por Alberto Hutschenreuter 



En 1945, el general Charles de Gaulle sostuvo que en Europa hubo dos países que perdieron la guerra, mientras que los demás fueron derrotados. Fue una reflexión estratégica:  muchos creyeron que el líder francés se refería al vendaval de muerte y destrucción que significó la guerra total en el continente. Pero lo que quiso decir el estadista era que el poder abandonaba Europa, y las potencias europeas pasarían a ocupar un segundo lugar en la nueva estructura de poder interestatal.



Hoy Europa no ha perdido ninguna contienda militar, aunque la guerra en Ucrania le ha significado un impacto estratégico que la ha sacudido de su estatus de  “potencia civil", una categoría inexistente en la historia de las relaciones entre estados.


En efecto, dicha historia registra el ascenso y descenso de muchos poderes, pero ninguno de esos centros preeminentes forjó su poder, prestigio y predominancia regional o mundial sobre condiciones que desdeñaron o relativizaron el segmento estratégico-militar y la geopolítica. En su momento, Venecia fue una notable potencia comercial, pero acompañó ese activo de poder suave con una flota de guerra que la protegía. Por otro lado, hubo grandes imperios que fueron insuficientes o casi nulos en otros segmentos de poder: por caso, el más extenso imperio terrestre, el mongol, tuvo su centro de gravedad en el factor militar y la movilidad, pero la carencia o limitación de otros activos determinó su declive y desaparición.


Básicamente, una potencia civil supone un actor que utiliza instrumentos diplomáticos o pacíficos para alcanzar sus propósitos; enfatiza el recurso de la diplomacia. Además, en el caso específico de la UE, también cuentan el desarrollo institucional y su universo jurídico. En otros términos, la UE ha logrado aquello que parecía una quimera en las relaciones interestatales: superar la anarquía entre los estados (acaso es pertinente recordar que uno de los primeros trabajos en materia de relaciones internacionales se titula The European Anarchy, escrito por el británico Goldsworthy Lowes Dickinson y publicado en 1916; en esta obra, el autor consideraba que la guerra de 1914 no era un accidente, sino el resultado “de la yuxtaposición de una serie de estados independientes y armados que operaban bajo las condiciones de la anarquía internacional).

 

Ahora bien, hay varias observaciones que podemos hacer a este “modelo” post-estatal europeo en su papel de potencia civil.

 

En primer lugar, la integración no fue el resultado de una evolución natural: el nacimiento de lo que es hoy la UE se dio como consecuencia de la gran regularidad que tuvo lugar en el continente por siglos, el estado de guerra. Si hubo un sitio en la tierra donde el estado de naturaleza “hobbesiano” fue real, ese lugar fue Europa. Allí, los estados se miraban como verdaderos “gladiadores”, para utilizar el término del mismo Hobbes, hasta que comenzaban el combate. Cuando terminó la guerra total, en 1945, con el Ejército Rojo ocupando países de Europa central y con partidos comunistas que concentraban buena parte del electorado, como en Francia e Italia, el reto fue salvaguardar a Europa. Ello, en buena medida, explica el apoyo estadounidense a través del Plan Marshall.  

 

Estados Unidos aportó no solo la ayuda económica, sino la protección estratégica-militar que le permitió a los miembros iniciales europeos “olvidarse” de la seguridad para concentrar esfuerzos en marchar hacia el horizonte de la complementación política, económica y social, hasta llegar a la actual Unión Europea conformada por 28 países. Es decir, Europa logró lo impensado, salir de la anarquía sobre la base de dos regularidades en las relaciones internacionales: la guerra y el amparo de un tercero, el “pacificador americano”, como bien lo denomino John Mearsheimer.

 

Se aguardaba que, tras la finalización de la Guerra Fría y el desplome de la Unión Soviética, Europa se iría desacoplando de esa vital zona de confort estratégico con el objetivo de “pensarse estratégicamente a sí misma”, sin que ello implicara poner en riesgo la relación con el socio atlántico. Pero Washington no tuvo que preocuparse por ello, pues Europa no solo se mantuvo en la comodidad estratégica, sino que acompañó a Washington en todo lo relativo con su “libreto estratégico”. No la acompañó siempre, es cierto, pues hubo países de la UE que, por caso, se opusieron a la intervención estadounidense en Irak. Pero sí la siguió en cuestiones de escala como ampliación de la OTAN y la lucha global contra el terrorismo transnacional, seguimiento que le ha significado a Europa un sensible aumento de su inseguridad.

 

En segundo lugar, esa evolución de Europa, con base en superar una regularidad histórica y con el apoyo de Estados Unidos, no se ha dado más allá de Europa, incluso en aquellos escenarios en los que la guerra también ha sido un fenómeno frecuente y extremadamente violento, sobre todo, desde antes de 1939 (concretamente, en el noreste de Asia).

 

Ningún otro escenario fuera de la UE ha marchado hacia una integración en la que la cesión de soberanías nacionales haya sido tan avanzada. Hubo y hay procesos de complementación entre países, pero nada que vaya más allá de la complementación (no la integración) geoeconómica.

 

Es decir, “fuera de la UE”, en el mundo prevalecen aquellos patrones habituales de las relaciones internacionales: estados, seguridad, intenciones desconocidas, desconfianzas, autoayuda, capacidades y anarquía. Sin duda que la interdependencia y la conectividad han creado una urdimbre de vínculos que pueden llegar a reducir (por lo oneroso de una ruptura) el conflicto; pero la experiencia nos dice que una globalización abundante no garantiza necesariamente la concordia u orden entre los estados.

 

Más todavía, actualmente hay procesos de complementación que, más allá del propósito comercio-económico, encierran lógicas de poder. Según el experto George Friedman, la conformación del “Marco Económico del Indo-Pacífico”, impulsado por Estados Unidos, estaría dirigida a restringir los mercados de esa región a China; es decir, la iniciativa es un instrumento de poder que se presenta en términos de bloque geo-comercial.  

 

El hecho de que la UE, particularmente Alemania, haya considerado desde antes de la guerra en Ucrania que su modelo de potencia civil podía convertirse en el horizonte de las relaciones internacionales en el siglo XXI, denota que sus jóvenes políticos, al no haber vivido la experiencia pre-1945 y haber crecido en un entorno de normas, instituciones, misiones de paz, derechos humanos, etc., tienden a considerar que dicho modelo es pasible de extenderse a escala global.

 

Por último, si la principal característica de una potencia civil es la “diplomacia primero”, evidentemente la misma ha mostrado sus limitaciones antes del 24 de febrero de 2022, cuando Rusia movilizó sus fuerzas hacia el interior de Ucrania. Es decir, la diplomacia europea no solo ha sido insuficiente para evitar una guerra innecesaria, sino que ha terminado sucumbiendo a la geopolítica, la disciplina que nació en Europa y que hace tiempo Europa creyó haber desterrado a través del ascenso de las normas.

 

Y aquí se combinan todas las reservas que impactan en el modelo europeo de potencia civil y en las posibilidades de extensión del mismo fuera de Europa: fracaso del activo mayor de la UE, la diplomacia; predominancia del ascendente estratégico estadounidense sobre la UE (y la OTAN), cuestión que se corrobora en la persistencia europea relativa con seguir suministrando armas a Kiev, cuando la UE debería esforzarse por redoblar esfuerzos diplomáticos, como asimismo en el segmento de la energía, donde se produjo el desacople de Europa de Rusia; finalmente, el “retorno” de la guerra a Europa, casi 30 años después de la última confrontación que tuvo lugar allí (en la ex Yugoslavia).

 

En breve, sin duda alguna la UE ha alcanzado logros notables, pero sin estrategia ni geopolítica propia el modelo de potencia civil es algo que no significa nada; más todavía, termina afectando sus propios intereses.  Fue así que, cuando la UE se aprestaba para ser el modelo post-estatal internacional del siglo XXI, Rusia y Estados Unidos la "reubicaron" en la realidad. Las relaciones internacionales son relaciones de poder, no de deseos ni de “reinos que nunca existieron”. 

viernes, julio 08, 2022

Batakazo

 Por Carlos Fara



La crisis política viene para largo. El de estos días fue un capítulo importante pero no el último, al menos por tres razones:

1. El pliego de exigencias de CFK no se termina con la cabeza de Guzmán: queda el cuestionamiento a Moroni, que el presidente resigne públicamente su aspiración 2023 y la transferencia de los planes sociales a gobernadores e intendentes. 

2. Las dificultades económicas tarde o temprano van a traer dolores de cabeza adentro del oficialismo, porque la incertidumbre inyectada estos días no hace más que complicar lo que ya era muy complejo de resolver. Si la crisis económica no se aquieta, habrá más reclamos sectoriales, conflictividad social y los que están a cargo de administraciones van a tocar el timbre de la nueva ministra (amén de la reacción de los mercados).

3. Alberto ha confirmado en esta crisis que no sabe manejarlas con habilidad, eso sumado a su ego personal y a su sobrevaloración en todos los aspectos, lo llevará a introducir ruidos adicionales en su relación con Cristina.

Como la crisis política viene para largo, va a significar un anabólico adicional a los problemas preexistentes, potenciando un círculo vicioso difícil de manejar. Sin embargo, este capítulo es cualitativamente distinto a los anteriores, ya que a) la figura que cayó era central en el esquema de resistencia e irritación, y b) despejado Guzmán del mapa, la incidencia clave de Ella en la definición confirma que es la única jefatura, al mismo tiempo que le trae el problema de ser la gran responsable de lo que ocurra en adelante. De modo que no puede evitar perder si las cosas derivan para peor, y obviamente se beneficiará si acertó en la maniobra.

Alberto y Cristina quizá gastaron la última bala que tenían en la recámara para poder generar expectativas positivas. De estas crisis se sale pegando un volantazo que genere expectativas positivas, mientras se gana tiempo para desactivar los factores explosivos de corto plazo. Así lo hicieron Menem y De la Rúa con Cavallo, y Duhalde con Lavagna, más allá de lo económico en sí y de los resultados mediatos (Cavallo segunda parte salió mal obviamente). Sorprendieron a todo el espectro, produciéndose impasses positivos que permitieron reordenar el tablero. 

Tanto Cavallo como Lavagna –más allá de sus diferencias conceptuales- eran personajes con espalda propia para hablarle a todos los agentes económicos, la política y la sociedad, de modo que al menos tuvieran un crédito temporal. No es el caso de Batakis, sin por eso cuestionar su trayectoria profesional y su expertise técnico. Como no se hallaba un/a ministro/a con el suficiente señority, el volumen se lo tenía que dar la conducción política. Esa era la apuesta de Massa. No pudo ser y el tigrense seguro se despidió pensando “nos vemos en la próxima crisis”. Porque lo más probable es que haya otra instancia de crisis.

La semana pasada en la nota “Llega?”, describimos 3 escenarios posibles a una crisis que se veía venir, tarde o temprano. Se verificó en parte el escenario 2: “Alberto se va y deja el país en manos de Cristina”. El presidente no se fue, pero está más débil y aislado que nunca, habiendo sido Ella la gran definidora de quién iba a ocupar el espacio vacío en el Palacio de Hacienda. A partir de la salida de Kulfas, la dinámica se fue acelerando y Guzmán saltó del tren antes de que se produzca el choque y lo culpen a él. De todos modos, eso difícilmente le genere un futuro en la política argentina. Ha ocupado el rol del mal menor para el FMI, el establishment y los actores moderados del Frente de Todos, pero sería raro que lo extrañen.

Cómo sigue la historia?

La nueva ministra va a necesitar de 90? ó 120? días para demostrar qué puede hacer con la botonera y qué margen le dejan para hacer lo que desee. Eso significa la antesala de las fiestas de fin de año y con varias provincias en alerta por su proximidad con la fecha de elecciones 2023. Si se ve que no puede enderezar el barco, la preocupación oficialista crecerá ya que quizá no queda otro bala en la recámara, con el suficiente tiempo para reducir daños políticos. Por ejemplo, en septiembre tendrá el súper desafío del vencimiento de un billón de pesos de deuda del gobierno que, si se llega en malas condiciones, corre el riesgo que el mercado no convalide del todo una renovación. 
 
Si la perspectiva sigue siendo negativa, la propia jefatura de Cristina también entrará en una zona de tensión. Todos los actores que logró sumar en los últimos tiempos para aislar y debilitar a Alberto entrarán en modo “recalculando” y amanecerá el “sálvese quien pueda”, profundización un proceso de desintegración que licúe cualquier posibilidad de triunfo en 2023. Eso no significa que alguien se anime a disputarle el liderazgo a Ella, sino que cada uno cuidará su propio territorio, empezando a dialogar con lo que venga. El universo peronista empieza a creer que a CFK solo le interesa su negocio político en la provincia de Buenos Aires, desentendiéndose de la presidencial. En ese marco, quién será el candidato o candidata a presidente del Frente de Todos será una anécdota. 

Qué puede cambiar dicho escenario negativo? Que la economía remonte, un poco por contexto internacional –que viene mal parido- y/o un poco por dejen que Batakis aplique cierta racionalidad en la macroeconomía. Hoy no parece ser negocio apostar mucho por esta alternativa.

Se barajaban muchos nombres para ocupar el sillón vacío de Hacienda, pero en ninguna lista aparecía con alguna posibilidad Batakis. No estamos muy acostumbrados a los apellidos griegos en Argentina. Quizá el más célebre para nuestras costas haya sido Aristóteles Onassis, quien empezó a amasar su fortuna siendo muy joven en Buenos Aires. Un país generoso. 

PD:
El título de la nota se lo debo a una ocurrencia del amigo periodista Fernando Mauri.

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La crisis como cambio de paradigma

 Por Lisandro Zamorano


El carácter de emergencia permanente que se está viviendo en el mundo da lugar al nacimiento de una nueva estructura de poder. Mientras tanto, cabe preguntarse si hay algo que no sea político en la sociedad actual. Gestiones del poder, intereses de grupo, dinámica asimétrica en el interior de la sociedad, todo esto forma parte del concepto vigente de lo político. 

  Indagar sobre aspectos como el teletrabajo, es algo que no se revela neutro en lo político, en lo social o en lo económico. El trabajador, bajo esta modalidad (incluyendo la híbrida) es un trabajador aislado, que, por lo tanto, no puede madurar una conciencia crítica. Su hogar como lugar de trabajo no forma parte de un espacio formal de trabajo, por consiguiente, todo el tiempo de la vida deviene un espacio de trabajo. Esto conlleva a la falta de alternativa, es decir, lo que se quiere imponer, en este sentido viene explícitamente impuesto por la falta de otra posibilidad. Siguiendo esta lógica, estamos en un mundo imperfecto, así que no hay alternativa y sólo resta adaptarse al orden de las cosas. 

  Entender el impacto de este proceso, en líneas generales, ahonda en la concepción de la crisis como método de gobierno, ya sea contemplada como terrorista, económica o epidémica. Estos tres tienen una función estrictamente política, que implica ver a la crisis como recurso de gobierno, esto es, la presencia de un fenómeno social que deja evidenciado que se hagan determinadas cosas que en ausencia de la crisis no se harían, y en esta dirección, establecer rotundamente un cambio de paradigma. Entonces, lo que en la normalidad jamás seria aceptado, ante la emergencia se acepta con gratitud. La emergencia suscita una necesidad de seguridad en el que para garantizarla se dispone a renunciar a la libertad en pos de la seguridad; en efecto, lo inaceptable de la normalidad deviene lo inevitable de la emergencia.  

Los derechos se pierden y queda sólo el derecho a la salud. El aislamiento, aquel que fue inicialmente obligatorio y que hoy perdura, si, voluntariamente en una proporción considerable, se muestra como una conducta preestablecida y es entendida como un aislamiento bajo el significado carcelario, lo cual tiene una importante función política orientada a la reeducación. Esta reestructuración junto al intento por impedir los derechos fundamentales lleva a un mecanismo de prisión extendido a toda la población. Se trate de algo voluntario o involuntario, con o sin consentimiento, con alteraciones más o menos regulares de ‘’restricciones’’, de cualquier forma, es empleado como método de acción política. Por lo tanto, en una situación tan atípica como ésta, llegar a establecer conclusiones simplemente conduce a exteriorizar que no existen hechos que no vengan mediados por interpretaciones. La línea divisoria que se ha marcado en el terreno económico, social y político, en tándem con la lucha absoluta entre visiones del mundo opuestas, es uno de los ejemplos de lo mencionado y del cambio de paradigma que está ocurriendo en el poder.  

domingo, julio 03, 2022

El Adios de Guzmàn

Por Horacio Schick


Con la que existencia actual de dualidad de tipo de cambio, alta tasa de interés, cierre de importaciones, restricciones al pago de deuda al exterior y cepo cambiario, no hay chance de que el gobierno nos saque de esta crisis, un cambio de ministros que mantengan estas políticas, será más de lo mismo, igual crisis con actores distintos. 
Ya sea Masa, Alvárez Agis, Redrado, mientras este CFK desestabilizando el Gobierno, diciendo burradas económícas fruto de su ignorancia, no hay salida. Antes alegó un “festival de importaciones” y cerrarron todas las importaciones desencadenando una corrida cambiaria que se vuelve a estimular al quitarle relevancia al crónico déficit fiscal argentino, que es la causa de la inflación, el endeudamiento y la brutal emisión monetaria. Es como si todos los meses pagáramos el mínimo de la tarjeta. Los. Intereses acumulados nos llevarían a un quiebre. 
Bueno CFK se mostró indiferente a ese escenario que carcome a la economía de nuestro país. Se atreve a compararnos con Europa, que tiene una inflación del 3% anual, nosotros el 80%. CFK ayer insistió en que hay países que tienen un déficit fiscal con relación a su PBI mayor que la Argentina y, sin embargo, tienen una inflación AF n más baja. ¿No será porque  despiertan confianza y, por tanto, consiguen financiamiento para cubrir el déficit, a diferencia de lo que le pasa en nuestro país que carece financiamiento externo, y recurre a la inflacionaria emisión monetaria y a la creación reiterada de bonos en pesos con elevados intereses para paliar la coyuntura, incrementando desmesuradamente la deuda.
El riesgo país es equivalente al de Ucrania, 2400 puntos. Este dato lo dice todo.

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miércoles, junio 29, 2022

El Audio de Construcción Plural del 28-06-22

Escucha"Construcción Plural - Programa 891" en Spreaker.

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