martes, mayo 05, 2026

Asimetrías del comercio exterior entre la República Popular China y la República Argentina (2026)

 Por Horacio Schick

Abogado

Columnista de Fernando Mauri



En el boxeo, un peso pesado no combate con un peso pluma.

I. Introducción
En términos metafóricos, la relación económica entre la República Popular China y la
República Argentina puede asemejarse a un combate desigual, en el cual un peso pesado
enfrenta a un peso pluma.
El presente informe tiene por objeto analizar las profundas asimetrías estructurales
existentes entre una potencia industrial consolidada y una economía en vías de
desarrollo, caracterizada por debilidades estructurales persistentes. En dicho marco, se
examinan los principales factores demográficos, institucionales, económicos, laborales
y comerciales que configuran una situación de desventaja sistémica para la República
Argentina.


II. Perfil demográfico e institucional
Desde una perspectiva demográfica, la República Popular China cuenta con
aproximadamente 1.400 millones de habitantes, lo que representa cerca de una quinta
parte de la población mundial, mientras que la República Argentina posee alrededor de
47 millones de habitantes, con una significativa concentración de población en áreas
urbanas con elevados niveles de vulnerabilidad social.
En el plano institucional, China se configura como un Estado milenario que, a partir de
las reformas impulsadas en 1978 por Deng Xiaoping, inició un proceso de
modernización productiva basado en la promoción de exportaciones y la atracción de
inversiones extranjeras. Este proceso derivó en un crecimiento económico sostenido,
acompañado de una reducción significativa de la pobreza y la consolidación de una
amplia clase media.
El sistema político chino se caracteriza por la ausencia de pluralismo democrático, bajo
un régimen de partido único encabezado por el Partido Comunista Chino (PCCh), el
cual ejerce un control centralizado sobre la vida política, económica y social. Está
restringida la libertad de prensa y de las redes sociales. El Presidente no es elegido por
elecciones libres sino por el Comité Central del PCCH que cuenta con 9.000 miembros
Antigua filosofía confuciana dominante facilita el disciplinamiento social
Aunque el sistema es muy eficiente productivamente, el modelo no es democrático, sino
autoritario.

Por su parte, la República Argentina, con aproximadamente dos siglos de vida
independiente, presenta un sistema republicano democrático con elecciones
ininterrumpidas desde 1983. No obstante, se observan rasgos de hiperpresidencialismo
y tensiones recurrentes entre el Poder Ejecutivo Nacional y los poderes Judicial y
Legislativo del Estado, lo que incide negativamente en el equilibrio institucional.
Existe libertad de expresión, pero periodistas y medios son agredidos verbalmente
Signos preocupantes de autoritarismo.
Corrupción estatal y corporativa relevante, con permisividad y deficiencias de órganos
de órganos de control y del Poder Judicial.


III. Sistema económico y social.
La relación económica bilateral puede caracterizarse bajo el paradigma
“centro–periferia”, en el cual China ocupa una posición dominante en la generación y
exportación de bienes con alto valor agregado.
China se ha consolidado como el principal centro industrial global y segunda economía
mundial en términos de producto bruto interno, sustentando su competitividad en
políticas activas de intervención estatal, tales como subsidios, financiamiento
preferencial, beneficios fiscales, acceso a infraestructura gratuita por el Estado.
El Instituto Australiano de Política Estratégica informa que actualmente China supera a
Estados Unidos en investigación en 66 de 74 tecnologías de vanguardia, incluyendo
inteligencia artificial, superconductores, computación cuántica y comunicaciones
ópticas. China ya fabrica aproximadamente el 70% de los vehículos eléctricos del
mundo, el 80% de los celulares, el 80% de las baterías de iones de litio y el 90% de los
drones. Aproximadamente la mitad de todos los vehículos que se vendieron en China el
año pasado eran eléctricos o híbridos: en Estados Unidos, la cifra fue del 22%.
Planificación económica con planes quinquenales de crecimiento económico que adopta
el Estado Chino y acatan el sector público y las empresas privadas.
Las empresas pagan muy bajos impuestos, posee una numerosa, exigente y disciplinada
y calificada mano de obra China, que hoy ya cuenta con 20 millones de ingenieros con
salarios muy inferiores a los argentinos medidos en dólares.
En contraste, la República Argentina presenta un patrón de desarrollo desigual, con
marcadas asimetrías sectoriales y regionales. Se evidencia un proceso de deterioro
económico sostenido desde mediados de la década de 1970, caracterizado por ciclos
recurrentes de expansión y contracción (“stop and go”), pérdida de competitividad y
estancamiento del producto per cápita.
Los últimos dos años cerraron de más de 20.000 empresas industriales y fueron despedidos más de
300.000 trabajadores, entre públicos y privados.


Los factores que explican este escenario: apertura indiscriminada de importaciones, la
caída del consumo, la baja de la rentabilidad empresarial, el aumento de las tasas de
interés y crecimiento de la morosidad.
Actualmente, desenvolvimiento económico desigual en forma letra K:
Ganadores: Energía, Minería, sector financiero y el persistente agro.
Perdedores: Industria, Comercio, construcción y turismo receptivo, que son mano de
obra intensiva.
Bifurcación geográfica, con las regiones cordillerana (minería), patagónica (energía) y
pampeana (campo) de prosperidad, mientras los conurbanos de las grandes ciudades,
en particular el AMBA, con industrias deprimidas y consumos deteriorados.
El congelamiento de la obra pública acentúa la recesión productiva y en el
congelamiento de la detonada infraestructura del país.
El atraso del tipo de cambio respecto a la inflación (TCR) es un factor distorsivo del
cuadro económico y social que incide negativamente en el ingreso masivo de productos
y manufacturas, sobre todo chinas, en condiciones de dumping, y desincentiva la
exportación de los productos nacionales.
El atraso cambiario incuba la crisis posterior: Estanflación que deprime y horada el
mercado interno y desincentiva las exportaciones y afecta a los asalariados y a las clases
medias. El productor se convierte en importador. El trabajador despedido deriva hacia
la informalidad.
Si el dólar oficial de $800 de diciembre de 2023 se ajustara estrictamente por inflación
(IPC), hoy debería valer alrededor de $2.900–$3.000 para mantener el mismo tipo de
cambio real de entonces. Conforme la inflación acumulada desde la devaluación de
diciembre de 2023 el peso hoy resulta fuertemente apreciado en términos reales. Se
denomina a esta anomalía: atraso cambiario, de triste historia en Argentina.
¿Qué consecuencias acarrea el atraso cambiario?
1. Importaciones más baratas en términos relativos
2. Exportaciones menos competitivas
3. Aumento del turismo al exterior
4. Necesidad de controles o intervenciones cambiarias
5. Expectativa de corrección futura (devaluación o salto del crawling)
El gobierno implementó 138 medidas puntuales para abrir la economía y liberalizar el
comercio exterior. La mayoría de ellas estuvieron orientadas a facilitar las
importaciones hacia el país con el objetivo oficial de aumentar la competencia y
presionar a la baja los precios, algo que desató tensiones con distintos sectores
industriales. Los efectos fueron letales para la producción y el empleo.
El gobierno nacional redujo en forma parcial o totales de aranceles, cambios en
licencias, derogación de reglamentos técnicos, la simplificación administrativa (como
cambios en medidas antidumping. El foco estuvo puesto en la desregulación y en la
apertura a productos que vienen del exterior para aumentar la competencia: 88 cambios
apuntaron a las importaciones.
El crédito para la producción tiene tasas elevadas que no se compadecen con la
decreciente rentabilidad de la inmensa mayoría de las empresas, en especial las Pymes.
Las desgravaciones impositivas como estímulo a la inversión y a la IED, solo se dirigen
a las grandes empresas principalmente multinacionales, y en sectores de alta que
invierten en sectores de alta rentabilidad, como energía y minería.
La apertura desmesurada frente a economía híperdesarrolladas como China destruye la
industria nacional y el empleo. Se inducen las importaciones asiáticas principalmente
chinas. Enorme daño social por el cierre de empresas y pérdida de empleo.
El productor se convierte en importador. El trabajador despedido a la informalidad.
La historia demostró que el TCR termina en crisis, colapso.
La Argentina se ha convertido en un país caro en dólares que inhibe el comercio
superavitario, así como aleja el turismo receptivo.
La deuda pública superó los 483.830 millones de dólares a marzo de 2026,
incrementándose un 30 por ciento desde diciembre de 2023.
El PBI de la Argentina hoy equivale al del 2011, en claro retroceso frente al aumento
demográfico.
En el plano social, los indicadores reflejan un incremento de la desigualdad, deterioro
de las condiciones de vida y reducción del tamaño de la clase media, junto con un
aumento de la pobreza, la informalidad laboral y el endeudamiento de los hogares.
En 1974 el coeficiente de Gini era igual al de Francia, hoy al de Perú.
Hay un 30% de la población (clase alta, media-alta y una parte formal de la media-baja)
que vive una realidad, y el 70% vive otra, con más inestabilidad e informalidad e
ingresos insuficientes.


IV. Régimen laboral y productividad
El mercado de trabajo en China se caracteriza por una elevada participación laboral, con
aproximadamente 770 millones de trabajadores y niveles de desempleo relativamente
bajos. El régimen laboral combina formalización contractual obligatoria con mayor
flexibilidad en materia de desvinculación, bajo una fuerte intervención estatal orientada
a garantizar la estabilidad social.
Jornada laboral: Legalmente son 40 horas semanales (8 horas diarias). En sectores
tecnológicos e industriales persiste la cultura del "996" (trabajar de 9 a.m. a 9 p.m., 6
días a la semana), a pesar de que el Tribunal Supremo chino lo declaró ilegal en años
recientes.

Se requiere indemnización para despedir pero los motivos de despido justificado (como
bajo rendimiento tras capacitación) están más codificados y son más fáciles de ejecutar
para las empresas que en el sistema judicial argentino.
El Estado actúa como mediador principal, priorizando la estabilidad social y el
crecimiento económico sobre el derecho de asociación independiente.
No existe un salario mínimo nacional único. Ciudades como Shanghái o Beijing tienen
mínimos que superan los 350-400 USD, superando en términos nominales a la base
argentina. China ha dejado de ser una fuente de "mano de obra barata"; extrema para
enfocarse en manufactura de mayor valor agregado.
Altas tasas de empleo con salarios bajos en dólares y alta productividad.
Asimismo, China presenta elevados niveles de productividad, sustentados en la
disponibilidad de capital humano calificado —incluyendo 20 millones de ingenieros—
y en una estructura productiva intensiva en tecnología.
En la República Argentina, la fuerza laboral oscila entre 23–24 millones de
trabajadores, de los cuales solo 6.000.000 son empleados formales. Están ocupados:
21–22 millones. Desempleo: 6–8% (variable).
Se evidencia una elevada tasa de informalidad (40/50%) con una proporción
significativa de trabajadores no registrados. Si bien el marco normativo, basado en la
Ley de Contrato de Trabajo, históricamente ha brindado protección frente al despido
arbitrario, recientes modificaciones normativas han implicado una reducción de tales
garantías.
La productividad laboral se ve afectada por la insuficiente inversión, la inestabilidad
macroeconómica y el deterioro del sistema educativo.
Los salarios del sector formal son altos en dólares pero con bajo poder adquisitivo y
disponibilidad luego de que el trabajador, la clase media pague: alquileres, servicios
fijos de luz, agua, expensas que se incrementan mensualmente.
Argentina hoy es un país caro en dólares y por ello de muy baja competitividad.


V. Modelo sindical
En China, el sistema sindical se encuentra integrado al aparato estatal, siendo la
Federación Nacional de Sindicatos de China (ACFTU) la única organización reconocida
legalmente. No existe pluralismo sindical ni autonomía organizativa, y su función
principal radica en la preservación de la estabilidad social.
El sindicato no es un actor autónomo frente al empleador o el Estado, sino parte del
mismo sistema de gobernanza.
En la República Argentina, el modelo sindical se estructura sobre la base de la libertad
sindical con unicidad promocionada, permitiendo la coexistencia de múltiples
organizaciones, aunque con reconocimiento preferencial de una por actividad. El
sistema se caracteriza por una fuerte tradición de negociación colectiva y
reconocimiento constitucional del derecho de huelga, aunque con fuertes limitaciones
recientes.
Sindicatos: Autonomía relativa respecto del Estado, según la época, aunque con
regulación intensa. Función central: defensa y promoción de intereses laborales, aunque
con deformaciones por excesivas concesiones a los gobiernos de turno e intereses de la
dirigencia que no siempre coincide con las bases obreras.
Financiamiento mixto: Cuotas sindicales, obras sociales (claves en el poder sindical).
Alta capacidad económica y organizativa, hoy muy disminuida.


VI. Comercio exterior y asimetrías estructurales
La relación comercial entre ambos países presenta un carácter marcadamente
asimétrico. China exporta bienes industriales y tecnológicos de alto valor agregado,
mientras que la Argentina concentra sus exportaciones en productos primarios y de bajo
nivel de procesamiento (Commodities vs manufacturas).
Este patrón genera un déficit comercial estructural, dependencia tecnológica y
desplazamiento de la producción industrial local. Asimismo, la apertura económica sin
mecanismos adecuados de protección expone a la industria nacional a una competencia
desigual, con efectos negativos sobre el empleo y el entramado productivo.


VII. Régimen fiscal comparado
China implementa un sistema tributario orientado a la promoción del desarrollo
económico, con incentivos específicos para sectores estratégicos, tasas reducidas para
actividades tecnológicas y políticas activas de estímulo a las exportaciones.
Impuesto a las Ganancias (Corporativo): Tasa General 25%
Sectores Especiales 15% para empresas de alta tecnología y sectores incentivados.
PyMEs Tasas reducidas (pueden llegar al 5% - 20% según el nivel de ingreso).
Impuesto al Valor Agregado (IVA): Utiliza un sistema de tasas múltiples:
13%: Tasa estándar (manufactura, importaciones).
9%: Transporte, construcción y servicios agrícolas.
6%: Servicios financieros y modernos.
Por el contrario, la República Argentina presenta una estructura tributaria compleja y de
elevada presión fiscal, con superposición de tributos en distintos niveles de gobierno y
la aplicación de derechos de exportación (DEX) lo cual incide negativamente sobre la
competitividad.
Impuesto a las ganancias: Escala progresiva (25%, 30% y 35%)
Sectores especiales: Beneficios específicos vía regímenes de promoción (ej. Economía
del Conocimiento).
PyMEs: sujetas a la escala progresiva según su ganancia neta.
Impuesto al Valor Agregado (IVA)

Argentina: Mantiene una tasa general del 21%, con alícuotas reducidas (10,5%) para
ciertos bienes de capital y alimentos, y tasas elevadas (27%) para servicios públicos.
Exportaciones: Argentina aplica impuestos a las exportaciones agropecuarias e
industriales. Aplica derechos de exportación DEX ("retenciones")
VIII. Intervención estatal y desarrollo industrial
El Estado chino desempeña un rol central en la planificación económica, promoviendo
el desarrollo industrial mediante subsidios, financiamiento y políticas activas de
atracción de inversiones. Este modelo ha permitido consolidar un proceso de
industrialización sostenido.
En la República Argentina, en cambio, se observa la ausencia de una estrategia integral
de desarrollo productivo, junto con restricciones al financiamiento, incentivos limitados
y políticas macroeconómicas que afectan la competitividad, tales como el atraso
cambiario.
Estas condiciones favorecen procesos de desindustrialización, aumento de
importaciones y deterioro del empleo.


IX. Conclusión
Descripción del comercio Chino-argentino
a) Estructura del comercio bilateral
China es uno de los principales socios comerciales de Argentina.
Patrón típico:
 Exportaciones argentinas: primarias o con bajo valor agregado (soja,
harina y aceite de soja, carne vacuna, litio).
 Importaciones desde China: bienes industriales y tecnológicos
(maquinaria, electrónica, insumos intermedios, bienes de capital, automotores).
Intercambio interindustrial asimétrico (commodities vs manufacturas).
b) Consecuencias macroeconómicas
b.1 Balanza comercial
Argentina tiene déficit comercial con China con los siguientes efectos:
 Presión sobre reservas internacionales.
 Mayor necesidad de financiamiento externo.
 Dependencia de mecanismos compensatorios (ej. swap de monedas).
El swap vigente con el Banco Popular de China ha sido utilizado como respaldo de
reservas por el Banco Central de la República Argentina.
c) Restricción externa
El vínculo con China no elimina la restricción externa estructural argentina, porque:
 Exporta productos de bajo contenido tecnológico.
 Importa bienes de alto valor agregado.
Se mantiene la clásica relación centro–periferia en términos de estructura productiva.
d). Consecuencias productivas
Impactos positivos
 Demanda sostenida para el complejo sojero.
 Mercado relevante para carne y economías regionales.
 Financiamiento de infraestructura (represas, energía, transporte).
 Inversión en litio y energía.


Impactos negativos
 Desindustrialización por competencia con manufacturas chinas.
 Dependencia tecnológica.
 Baja integración local en proyectos financiados por capital chino.
e) Consecuencias estratégicas y geopolíticas
China es actor central del bloque ampliado de los BRICS.
China participa en sectores estratégicos:
 Energía nuclear.
 Telecomunicaciones (5G).
 Litio (recurso crítico en la transición energética).
f) Riesgos estructurales
 Primarización exportadora.
 Vulnerabilidad a decisiones de política comercial china.
 Falta de transferencia tecnológica significativa.
 Concentración de exportaciones en pocos productos.
g) Síntesis técnica
El vínculo con China:
 En el corto plazo permite sostener las exportaciones.
 No resuelve por sí mismo el problema estructural argentino. Lo agrava.
 Puede profundizar la dependencia
 China, es una economía de escala con muy alto desarrollo tecnológico.
Sus empresas cuentan con subsidios y beneficios del Estado, créditos blandos, muy
bajos impuestos y mano de obra calificada con salarios reales muy inferiores a los
argentinos.
 Desigual intercambio comercial que determina el cierre de
establecimientos industriales, por imposibilidad de competir en estas condiciones.

i) Conclusión estratégica: El problema argentino no es comerciar con China.
El problema es hacerlo sin:
 Política industrial sostenida.
 Estrategia de agregación de valor.
 Integración tecnológica.
 Empresas nacionales de escala.
 Gradualidad en el comercio con China a los efectos de erradicar el
dumping actual.
 Con reducción de aranceles e impuestos abruptos, sin un paulatino
proceso de reconversión.
 Créditos para la producción a tasas accesibles para la producción.
 Debe revertirse la política de apreciación del peso o atraso cambiario
respecto de la inflación.

Del análisis efectuado se desprende que la relación entre la República Popular
China y la República Argentina se inscribe en una lógica estructural desigual, en la
cual la primera consolida su posición como potencia industrial exportadora,
mientras que la segunda permanece en una posición periférica basada en la
exportación de recursos naturales.
Dicha asimetría no solo se traduce en desequilibrios comerciales, sino también en
impactos negativos sobre la estructura productiva, el empleo y el desarrollo
económico argentino, configurando un escenario que plantea desafíos sustanciales
en materia de política económica, industrial y laboral.

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martes, abril 28, 2026

“No elegimos ganadores”

Por Hernán Neyra

Economista

Docente universitario



El presidente Milei se preguntó ayer en la Fundación Libertad: “¿Qué es lo que están pretendiendo hacer? Nosotros somos liberales y no decidimos a dedo qué sector gana y qué sector pierde. No elegimos ganadores.Nos dedicamos a nivelar la cancha y a correr del medio al mega parásito de la economía que es el Estado”.

Simultáneamente, Luis “Toto” Caputo decía en la ExpoEFI que habría nuevos anuncios de inversiones en el marco del RIGI por unos U$S40.000 millones y ya hay promesas de hasta U$100.000 millones en Vaca Muerta.
Es curioso, porque el RIGI tiene pisos de inversión (se beneficia a los grandes) y sectores exclusivos (petróleo y gas, forestoindustria, turismo, infraestructura, minería, tecnología, siderurgia, energía).
¿No es esa la forma de elegir ganadores? ¿No es esa la forma de desnivelar la cancha en favor de unos y no para todos?

De todas formas, habría que ver si los liberales (suponemos que Milei no cree que Georgia Meloni sea comunista) hacen lo mismo que él. Curiosamente, Milei firmó en Roma, en junio del año pasado el Plan de Acción Italia-Argentina para favorecer nuevas inversiones italianas promoviendo el RIGI (que implica subsidios por baja de impuestos). Y la misma Meloni subsidia con tasas del 0,321% la internacionalización de empresas italianas, con América Latina como zona prioritaria junto con la India. 
A su vez, interviene activamente en la protección de la acción de oro sobre Pirelli, por ejemplo, o interviene diplomáticamente en defensa de Stellantis, el Estado posee aproximadamente un tercio de las acciones de Leonardo (industria aeroespacial y defensa) o un tercio de ENI (petróleo, e inversora en Argentina). 

No parece que los liberales crean semejante pavada enunciada por nuestro llíer. O al menos no son tan tontos de decir semejante cosa en público. Claro… salvo el nuestro. Es cada vez más difícil tomar en serio las palabras presidenciales cuando, o bien no sabe lo que firma, o, bien no entiende lo que firma, o, lo que sería peor, ni le importa lo que le hacen firmar.

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miércoles, marzo 04, 2026

Audio de CONSTRUCCION PLURAL del 030326

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lunes, marzo 02, 2026

Milei necesita un kirchnerismo vivo

 Por Carlos FARA

Consultor político con más de 200 campañas electorales en Latam.

Ex presidente de ALaCoP (Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos)

Columnista de CONSTRUCCION PLURAL


En el inicio de sesiones extraordinarias, el presidente Milei lo que hizo fue, básicamente, tratar de recordarle a la sociedad cuál es la puja ideológica principal en la Argentina, entre kirchnerismo y antikirchnerismo. Frente a un kirchnerismo que se está desdibujando, con mucho conflicto interno, sin capacidad estratégica, con Cristina presa, está claro que lo necesita vivo para poder tener un retador claro en la elección presidencial del año que viene. 
Esto es lo que lo llevó a no tener, digamos, ningún gran anuncio por hacer, a que recurriera al show y a la confrontación, porque es lo único que le sirve.

De las grandes reformas esperables no habló casi, no dejó ningún gran título. Por eso frente a la ausencia de una gran novedad puso el énfasis en la confrontación. 
Eso es lo que pasó ayer que es políticamente intrascendente. 
Por supuesto lo que hay que mirar más importante es en otro lado.

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Milei/Apertura sesiones ordinarias

 Por Javier Correa

Director de AD HOC

Columnista de CONSTRUCCION PLURAL 


Ganan las formas, no el fondo. Quizás tenga que ver con la necesidad que tiene el presidente y este Gobierno de llamar la atención. Mientras más se habla de esto (formas) menos de temas relevantes (fondo). Hay algo de 2024 ahí. 

Sin embargo, detectamos un cambio importante. Los malos no son TODOS en el Congreso. 
MILEi puntualizó entre quienes esteban a su izquierda. Eligió un sector. Nada creativo, pero quizás a la hora de construir mayorías legislativas sea bastante más inteligente. 

Propone un contexto de debate sin argumentación. La idea de la chicana disruptiva es que la posiciones sean Afectivas, es decir, estás conmigo porque soy yo, no por lo que hago y lo que digo. 

Un discurso que luego de analizar el show, será bastante olvidable.

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jueves, febrero 19, 2026

Audio de CONSTRUCCION PLURAL del 180226

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martes, febrero 10, 2026

Categorizando la guerra actual

 Por Lisandro Zamorano



Nuevamente, en el marco de los conflictos militares que tienen lugar alrededor del mundo, el centro de la cuestión está en los modos de la guerra convencional y no convencional. En particular, el equipamiento y técnicas que son empleadas en el campo de batalla. Empezando por los tipos de combate de frente cerrado y abierto, ataques a infraestructuras, además de la incidencia de las condiciones geográficas, recursos disponibles, facilidades portuarias, aeródromos, tipo de vegetación, obstáculos materiales y longitud de las líneas de comunicaciones.

Asimismo, estamos en condiciones de establecer otro factor influyente en el tema: la competencia por recursos críticos, entre los cuales destaca el litio y la minería, donde  Argentina tiene peso. 

El resultado implica una disputa multisectorial de intereses muy marcada que puede aumentar su intensidad en la medida que las demandas no sean cumplidas, ya sea en el caso del alcance de los recursos o bien adentrándose en el formato de una nueva gama de confrontaciones, con actores estatales y no estatales presentes. Esta lógica conduce a tener que entender el fenómeno como un todo de sucesos y procesos interconectados y no tomándolo aisladamente en partes para querer encontrar alguna conclusión de mayor importancia.

Pese a la incertidumbre respecto de otra faceta no pero si complementaria de las guerras actuales (la guerra cognitiva, encaminada a ser de alta efectividad y un baluarte de los subsiguientes conflictos militares a gran escala, mediante los sistemas neurotecnológicos con el poder de inmovilizar al enemigo o alterar sus patrones de acción y movimientos en el campo de batalla), la infantería sigue siendo predominante junto a los tanques, vehículos blindados de combate, sistemas de artillería, lanzacohetes múltiples, unidades de defensa aérea, aviones, helicópteros, drones tácticos y operativos, misiles de crucero, buques o lanchas, submarinos, camiones cisterna y unidades de equipo especial.

Sin embargo, vale la pena volver a detenerse en el elemento cognitivo de las guerras. Más allá que se trata de algo de carácter reciente, como se expresó anteriormente—y muy poco presente en la esfera de los medios de comunicación— cuenta con datos relevantes para interpretarlo mejor. Además de su principal eje, que es el de formar armas tecnológicas, capaces de combinar tecnología con factores puramente humanos para así volcarlos al campo de batalla, existen también otros rasgos que se deben tener presentes. Biotecnología, nanotecnología, tecnología de la información y ciencias cognitivas, sumado a la hoy bien conocida IA, crearon un producto más elaborado: una compacta quinta columna, donde cualquier persona, sin saberlo, se comporta de acuerdo con algunos de los patrones de estas herramientas.

En segundo lugar, la preeminencia del componente humano, conocido en este tan obscuro contexto como ‘’la esfera de interés en donde las estrategias y operaciones son designadas e implementadas dado que, apuntando hacia las capacidades cognitivas de individuos o comunidades con un conjunto de técnicas específicas, influenciar su percepción y sabotear su capacidad deductiva y de razonamiento, por ello ganando control sobre sus propias decisiones, percepciones y conductas esperadas en cuanto a conseguir así los efectos deseados’’.

 En definitiva, prevalece la competencia por dominar todas las dimensiones de lucha, combinarlas inteligentemente en el campo de batalla y agudizarlas con acierto en las formas que sean más adecuadas en la situación dada. Prevalece, también, el orden social post pandémico en un momento de mayor desarrollo tecnológico. El desafío está en el ser individual y colectivo en simultáneo. Las cartas de este amplio entramado probablemente ya están servidas para jugarlas en tiempo y forma.

miércoles, enero 28, 2026

La realidad desnuda a la economía

 Por Daniel Kiper


La primera señal no fue un número ni un gráfico. Fue el silencio.

En los comercios donde antes se vendía de todo, hoy se vende lo que roza el umbral de la supervivencia. En las fábricas, donde se hablaba de turnos y de pedidos, se habla de suspensiones. Y en las casas, el dinero dejó de ser una promesa de futuro para convertirse en una pregunta que se repite cada día, con la obstinación de un reloj sin descanso: ¿alcanza para comer, para pagar la luz, para el remedio?

En las crisis profundas, la realidad desnuda a la economía. Se le cae el maquillaje de las estadísticas y aparece su verdad más antigua: no todo vale lo mismo cuando la vida se achica. El mercado, que en tiempos normales ordena preferencias, en tiempos de penuria ordena prioridades. Y la prioridad —casi siempre— se llama subsistencia.

Solo lo indispensable conserva valor real.
Todo lo demás se vuelve sombra.

Los alimentos suben. Los medicamentos suben. La energía, el transporte y los servicios básicos escalan con una terquedad que no admite consuelo. Son bienes de demanda rígida, sin sustituto y sin espera posible. No se compran por deseo: se compran por necesidad impostergable. Se pagan porque la preservación de la vida obliga. Y se pagan aunque duelan.

Al mismo tiempo, otros precios bajan: ropa, electrodomésticos, bienes durables, consumos que alguna vez fueron cotidianos y hoy son aplazables. El gobierno observa esa caída y la presenta como señal de éxito. Pero en la economía real —esa que no entra en los discursos— los precios no siempre bajan por eficiencia. A veces bajan por una razón más cruda: la demanda efectiva se derrumba.

No es deflación virtuosa.
Es parálisis.

Mientras los precios esenciales suben, el resto cae como hojas secas. Pero esa caída no anuncia equilibrio: anuncia vacío. Detrás de cada precio que baja hay una vidriera que deja de rotar mercadería, una persiana que se cierra antes de tiempo, una máquina que se apaga, un trabajador que deja de ir a su empleo con la misma rutina con la que antes entraba. La estadística registra una mejora; el barrio registra un cierre.

La economía se contrae, pero no de manera pareja. Se encoge por los bordes productivos —empleo, industria, comercio— y se mantiene tensa en el centro de la supervivencia, donde el gasto no es elección sino obligación. Lo que se “ordena” en los números se desordena en la trama social: el ajuste no organiza; selecciona.

Y en ese contexto aparece otro fenómeno, más silencioso y persistente: el ingreso de productos importados que tienden a ocupar el espacio que la producción local ya no puede sostener. El dólar contenido —ese modo elegante de nombrar el atraso cambiario—, la reducción de aranceles y la apertura comercial actúan como una corriente fría que atraviesa fábricas debilitadas. No llegan a complementar una expansión inexistente, sino a reemplazar producción local en sectores ya golpeados, profundizando la pérdida de capacidades productivas.

No es una economía que se abre al mundo: es una economía que empieza a retirarse de sí misma.

El relato oficial habla de orden, disciplina y éxito. Pero el orden que se logra por contracción no es estabilidad: es quietud forzada. Es una paz que se parece demasiado al agotamiento. Técnicamente, no se trata de una estabilización expansiva, sino de una estabilización por compresión de la demanda, donde el equilibrio nominal se alcanza a costa de la actividad real.

Y la inflación, además, no desapareció. Se reorganizó. Se concentró en los bienes que no admiten demora. Y allí —en lo esencial— erosiona salarios, jubilaciones, ahorros y proyectos. Los ingresos reales se achican mientras el costo de vivir se vuelve más pesado, como si cada día hubiera que cargar un poco más para caminar la misma distancia.

En los papeles, algunos números mejoran.
En la vida, casi ninguno.

Las economías no colapsan de golpe: se vacían. Primero se deja de producir; después se deja de vender; luego se deja de trabajar. Y finalmente se deja de planificar. El presente se vuelve una tarea extenuante y el futuro una abstracción reservada para quienes todavía pueden imaginarlo.

Celebrar precios que bajan porque no hay compradores es confundir la calma del desierto con prosperidad. Es mirar una vidriera inmóvil y creer que el problema era la mercadería.

La estabilidad verdadera no consiste en que nadie compre, sino en que muchos puedan hacerlo sin miedo. No se mide por la ausencia de consumo, sino por la capacidad de una sociedad de producir, intercambiar, emplear y crecer sin devorarse a sí misma.

Cuando una economía empieza a vivir solo de lo indispensable, no está ordenándose.
Está aprendiendo a sobrevivir.

Y sobrevivir, a la larga, no es vivir.


Informe de Coyuntura Económica

 Por Alejandro Rofman


1. Evolución de la actividad económica y de la situación social del año 2025
La actualidad

En los últimos días se han estado publicando estadísticas que cubren la evolución de la
actividad económica y de indicadores sociales correspondientes en gran parte del año
2025. Con los datos oficiales disponibles ya podemos avanzar en una caracterización a
grandes rasgos de los números básicos de este año.
La actividad económica ha seguido marcando una doble característica. En primer lugar,
un repunte notorio hasta el mes de marzo, continuidad del que ya venía manifestándose
en el año anterior desde junio. Este repunte se extendió hasta el fin del primer trimestre y
desde entonces se verifica un notorio estancamiento, que no parece vaya a cambiar en
evolución en todo el año. Incluso el mes de octubre hubo un retroceso del 0,4% con
respecto al mes anterior, y el dato informado por el INDEC muestra el desempeño del año
que estamos transcurriendo con números magros, pues octubre cierra el ciclo desde
enero apenas con un 0,5% por encima de los niveles de diciembre del 2024. Así, no se
debe confundir el dato punta a punta con el de los promedios anuales. Ya hemos
comentado que por el arrastre estadístico el promedio va a dar un poco más del 4% de
incremento en el año 2025 con respecto al 2024, que aparece destacando un
comportamiento muy bueno para este año, lo que no es así.
Este notorio estancamiento reconoce causas estructurales muy profundas, como resulta
de analizar la capacidad de los que viven de su trabajo, manual o intelectual, en percibir
ingresos que hubieran producido un aumento del consumo y por ende de la producción
interna, hoy simplemente estancada. Un análisis realizado por el economista Luis
Campos, con los datos del INDEC, muestra que los salarios registrados, es decir
formales, alcanzaron un pico tras la recuperación, luego del fuerte shock devaluatorio de
diciembre del 2023, lo que les permitió remontar la feroz caída inicial pero nunca
sobrepasar el punto de partida, y desde fines del año pasado el salario privado se ubica
escasamente por debajo del percibido para los trabajadores formales en el inicio del
nuevo gobierno. En el caso del salario del sector público la caída inicial fue más intensa y
la recuperación poco significativa, lo cual supone que a octubre de este año el promedio
de la remuneración del empleado público en todo el país bajó nada menos que 15 puntos
de porcentual. Así, el total del salario registrado, sumando privado y público, llegó en
octubre de 2025 a casi 95 puntos de un índice inicial de 100 en noviembre de 2023. Está
entonces totalmente claro y de modo irrefutable que la política económica anarco-
capitalista supuso una transferencia del sector del trabajo al de los beneficios obtenidos
por el sector del capital.
En términos de empleo la tasa de desempleo bajó al 6,6% en el último relevamiento del
INDEC, correspondiente al tercer trimestre de este año, en relación al 6,9% que marcó en
igual momento del año 2024. Sin embargo, el dato encubre una anomalía muy destacada.

Esa caída de la tasa de desempleo de 0,3 puntos en el último año se debió a que el
mundo del trabajo ajustó por calidad y no por cantidad, de modo tal que aquellas
personas que buscaron un trabajo estuvieron disponibles a desempeñarse como
informales o cuentapropistas, en el marco de un proceso de precarización creciente que
afectó positivamente la tasa de ocupación de cuentapropistas a informales, pero en el que
cayó la de los trabajadores asalariados formales.
Un sector muy dañado fue el de la industria, que acompañó a los de la construcción y del
comercio en caídas de actividad y de ocupación. Los rubros que permitieron compensar el
deterioro del sector manufacturero y de la obra pública y privada estuvieron encabezados
por la actividad financiera intermediaria, que se autonomizó de la evolución económica
global. El negocio de las finanzas fue, desde lejos, el de mejor desempeño, con un
crecimiento superior al 30% año a año. Estamos, claramente, en una situación de
anomalía en cuanto a la dinámica que impulsa el proceso productivo de bienes, que es el
que debería ser el responsable de una expansión económica sana.
Cabe citar el dato que produjo FIEL, la consultora ligada a las grandes empresas, que
informó que el sector manufacturero sigue sufriendo un mal año y se inicia con el mes de
diciembre un nivel de actividad inferior al de diciembre del 2024 en un 4,6%. Sin duda, la
disminución del salario real que apuntamos y el deterioro en la calidad del empleo arriba
analizado impactaron negativamente en el poder adquisitivo del sector del trabajo, lo que
a su vez redundó en un debilitamiento del consumo de dichos bienes en el mercado. El
gobierno no modificó su estrategia de desfinanciar totalmente a la construcción de su
competencia –hecho insólito y nunca registrado en la historia argentina- y la depresión de
esa actividad no pudo recuperarse de la muy fuerte caída del 2024. Finalmente, el sector
externo siguió operando en rojo. El balance de pagos acumuló tres trimestres
consecutivos de retroceso y llegó a noviembre con un déficit del 1,5% del Producto Bruto
Interno, fruto del retraso del tipo de cambio y de la apertura importadora.
En términos de deuda externa pública su crecimiento ha sido imparable durante todo el
año. En el caso de la del Gobierno general dicho crecimiento llegó a 170.000 millones de
dólares, y si se suma la del Banco Central, cuya expansión fue de 29.538 millones de
dólares, totaliza 200.044 millones de dicha moneda, lo que implica un récord histórico. El
nivel más cercano de endeudamiento en moneda extranjera del Gobierno Nacional se
había observado en la gestión anterior del ministro Caputo cuando en el cierre del año
2019 ya había alcanzado la cifra de 199.747 millones de dólares en especial por el
fabuloso crédito del gobierno de Macri con el FMI-
El movimiento de capitales externos mostró durante el 2025 una caída significativa. De la
mano del atraso cambiario, el rojo de la cuenta corriente, o sea todos los movimientos de
flujos de capital en moneda extranjera, resultó muy elevado como lo consigna el gráfico
que acompañamos.

Esta información oficial deja al descubierto la falacia del gobierno nacional cuando afirma
estabilidad en sus datos esenciales. Este déficit supone un permanente desequilibrio
cambiario pues los ingresos por comercio exterior, con el saldo favorable de la balanza
comercial, no alcanzan a cubrir las erogaciones financieras por turismo, compra o
atesoramiento de particulares con fines de ahorro de dólares y pagos de capital e
intereses del abultado endeudamiento estatal con acreedores externos.
Ello supuso que durante el año 2025 en dos oportunidades se acudió por parte del
Gobierno Nacional a operaciones de salvataje imprevistas para no caer en convocatoria
de acreedores; es decir para no incurrir en un irremediable desequilibrio de cuentas con el
exterior salvadas por un nuevo préstamo del FMI de 20.000 millones de dólares en marzo
y una operación insólita y excepcional, de carácter político, en octubre cuando el Tesoro
de Estados Unidos intervino imprevistamente comprando pesos por 2.000 millones de
dólares y otorgando un swap por otros 20.000 millones de esa moneda en octubre. De no
haberse acudido a estos salvatajes, la economía argentina habría sufrido un serio y
profundo quebranto.
Finalmente, y para desmentir otra vez a los dichos oficiales, y bajando a lo cotidiano de lo
acontecido con la situación económica de la población mayoritaria del país, otro
desequilibrio se hizo presente en el panorama mentiroso de la supuesta “estabilidad” del
proyecto oficialista. El salario de los trabajadores registrados, es decir formales, sufrió un
serio quebranto admitido en la información desplegada por el mismo gobierno. El citado
salario volvió a ser afectado por el incremento de los precios según el INDEC, en la
versión preparada por el economista Luis Campos.
En total, si se toma como base el número índice
igual a 100 para indicar el salario real del empleo registrado en noviembre del 2023 dicho
nivel salarial total, tanto el privado como el público sumados, no pudo llegar durante todo
el año 2025 hasta noviembre a alcanzar el valor inicial. Fue levemente inferior en el caso
de los privados pero sustancialmente más bajo en el salario real público registrado.
En rigor de verdad, los números consignados no reflejan todo el drama social que
implican. Si se adoptara en la medición del índice de costo de vida los consumos actuales
reales de la población, según la canasta relevada por el INDEC a fines de la segunda
década del siglo, el IPC habría sufrido una elevación muy superior a la informada, pues el
hecho de que no se reconoce en la medición actual la mayor presencia en la estructura de
los consumos populares de tarifas de servicios públicos y privados efectivas ahora en
relación a 15 años atrás, reduce el peso de tales erogaciones en la conformación del
costo real del gasto de las familias. Evaluaciones realizadas por diferentes centros de
investigación y consultores económicos, entre ellos el CEPA, instituto muy acreditado,
indican que entre noviembre del 2023 y noviembre del 2025 la inflación fue mayor que el
dato oficial. Para el CEPA –lo que no fue desmentido- la evolución real de los precios fue
en el lapso de los doce meses citados del orden de un incremento del 288,2 %, superior a
la publicada con el patrón de consumo anterior y que supuestamente alcanzó el 249,5 %
Hay un desfasaje de un 15 % entre lo real y lo que calculó el INDEC. Este porcentual
debería agregarse al dato del salario real que entonces se redujo más de lo publicado.
El panorama al cierre del año es francamente decepcionante. A todo lo comentado habría
que agregar un saldo negativo en el tema de la inversión productiva –que también cayó
en valores reales- lo que supone ausencia de expectativas favorables en el empresariado
y drenaje de recursos genuinos para crecer, como resultado de un gestión olvidada de su
función central: el aliento decidido del crecimiento económico.




2. Datos informativos a tener en cuenta para predecir el futuro
A nivel internacional, el presidente Trump hace pocos días expresó que el único límite a
su decisión de imponer sus ideas al resto del mundo es su moral, sus valores, sus
principios. No le interesa ningún tratado, acuerdo, ley, norma o pacto firmado con
cualquier país, grupo humano o momento histórico. Está dispuesto a pasar por encima de
todas esas cuestiones básicas que hacen a la convivencia entre los seres humanos.
Uno de los analistas que estuve leyendo estos días de ese modo de expresar tan
crudamente la ausencia de todo límite, el irrespeto total a cualquier norma que expone
quien dice que únicamente vale aquello que se consigue con la fuerza, es un ex-
presidente argentino con el cual se puede coincidir o no, pero que publicó un texto una
vez que se llamó “la fuerza es el derecho de las bestias”, y creo que representa
cabalmente lo que pienso. Casi no se escuchan voces que alertan de la enorme
peligrosidad que implica que el que tiene un fusil o un revolver en su mano no le importe
lo que dice el código penal o la declaración universal de los derechos del hombre de 1945
por Naciones Unidas. Que le interese de qué fuerza dispone y cuándo la quiere usar para
obtener sus logros más allá de la razonabilidad de los mismos. Estoy simplemente
repitiendo lo que dice, en un caso, la máxima autoridad de una de las más grandes
potencias, e indudablemente la más grande desde el punto de vista bélico, en el mundo. Y
lo que no dicen, o tienen miedo de decir, los que se oponen.
Y entonces el desaliento, término que ya he usado mucho en las últimas presentaciones,
me invade cada vez más. Como cierre de este texto, una cuestión que me parece muy
interesante de comentar y que ha salido muy poco voceada en los medios de
comunicación orales, escritos o televisados.
El INDEC dio a conocer el Índice de Precios al Consumidor del mes de diciembre en esta
semana que se acaba de cerrar. El dato informa un aumento del 2,8%, sobre el mes
anterior, de los precios de los bienes y servicios que consume la población en promedio
de todo el país. Ese dato podrá ser, para algunos, auspicioso. Para otros no. Me parece
que no es muy importante entrar en ese análisis cuando hay información que reveló el
INDEC mucho más valiosa en esta cuestión, en la cuestión de los precios. Así por
ejemplo informó el INDEC que la canasta básica total y la canasta básica de alimentos
creció en diciembre el 4,1% en valor unitario. Quiere decir que cuando se mida pobreza e
indigencia, va a tener que tomarse muy en cuenta estos datos, porque afectan
decididamente tales índices. El INDEC, al publicar esa información, agregó que le hacen
falta $589.510 a una unidad familiar tipo para quedar fuera de la indigencia, es decir para
quedar dentro del rango de ingresos que hace falta para comer para subsistir, y que la
canasta básica total que marca la línea de la pobreza obliga a una familia a conseguir
$1.308.000 para no ser considerada pobre. Es preciso agregar que ninguno de los dos
datos incluye alquiler, cuando aproximadamente una tercera parte de la población
argentina vive en vivienda alquilada. Prácticamente si se le agrega a la canasta básica
cualquier valor de alquiler a una familia de cuatro personas, el índice de pobreza sería
altísimo. Y ni que hablar del índice de indigencia.
Estamos entonces a una situación realmente dramática. Nadie lo puede negar. Nadie me
puede controvertir. Porque el número no es inventado, es número del INDEC de Milei, del
INDEC del gobierno actual. Una familia tiene que pagar alquiler, mas el gasto de consumo
total para subsistir dignamente, que es el dato de la pobreza, o para comer dignamente,
que es el dato de la indigencia. Que cada uno saque las conclusiones respectivas.
Un periódico que sale un día por semana y que suelo leer titula en la página 3 de su
edición dominical algo que creo es muy importante comentar. Dice así: “El industricidio [un
neologismo que quiere decir la acción humana que lleva a matar a la industria] es una
decisión oficial que llegó para quedarse”. Luego comenta que el Gobierno Nacional se
enorgullece de no tener política industrial. Efectivamente está repitiendo lo que dijo un alto
funcionario público hace poco tiempo en el sentido de que no hace falta tener política
industrial, el mero comportamiento del mercado, alentado por los signos que da el
gobierno en su desenvolvimiento de su política económica, exime a este de tener que
puntualizar un diccionario concreto de normas que contengan una política industrial.
Entonces uno lee, con información otra vez del INDEC, que la industria no encuentra piso,
y cayó por tercer mes consecutivo en el mes de noviembre. Bajó el 0,6% ese mes con
respecto al mes anterior. En el trimestre septiembre-octubre-noviembre la baja fue del
1,7%, pero si se toma en cuenta diciembre del 2024 y se lo lleva a noviembre del 2025 la
caída es el 5,5%. Datos oficiales, insisto una vez más. Eso implica un fenómeno de
reducción del nivel de la actividad muy desalentador, valga otra vez el adjetivo, y además
incluye la información de que, tomados los sectores de la industria, todos los que forman
parte del caudal de actividades de la manufactura argentina, se observa que ha habido
una reducción en 12 de los 15 tipos de actividad que compone la industria, con algunos
datos realmente impactantes. Por ejemplo galletitas, productos de panadería y pastas, o
sea los tallarines de la suegra o de la abuela, el pan de todos los días, cayeron el 11,9%
en noviembre con respecto a noviembre del año anterior. Productos como el vino
mostraron baja del 12,5%; azúcar, el 15,4%. Si salimos de alimentos y vamos a otros
rubros: los autos, con bajas en las ventas del 45%; las autopartes, del 20%; los aparatos
domésticos, del 40%, completan el panorama
No importa, el presidente cantó en público y todo se va a arreglar solito. Pero en la
realidad aquí de todos los días el fenómeno de la caída industrial ya es sencillamente
alarmante. Tenemos datos concretos de índices de capacidad instalada, que están mucho
más bajos en este momento que hace 9 meses. Marzo marcó el mejor momento y luego
se desbarrancó. Al mismo tiempo la contracción de la construcción, que fue en el mes de
noviembre muy elevada, se ubica (según el INDEC) en un 24% con respecto a noviembre
del 2023, antes del cambio de gobierno y que llegara la política de Milei. Entonces
realmente, si la industria se derrumbó -y la industria realmente cayó a un precipicio- con la
construcción tuvo ese retroceso singular, porque no hay obra pública nacional en la
República Argentina. Debe ser el único país en el mundo en que en forma explícita el
Gobierno Nacional no financia obra pública. Ni un hospital, ni una escuela, ni una vivienda 
ni una autopista. No hay un peso solo para la obra pública originado en el Tesoro de la
Nación. Entonces, no resulta raro que estemos en una situación alarmante y no tengamos
futuro previsible que la haga cambiar.

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