lunes, febrero 27, 2023

Necesitamos un Banco Central con presencia Federal

 Por Juan José Guaresti (nieto)

Ex director del BCRA.
Abogado.





El federalismo no es una mera idea política sino que implica la idea de la libertad y de la eficiencia económica. La división de los poderes en Ejecutivo, Legislativo y Judicial defendida por
Charles de Secondat, Barón de Montesquieu, era insuficiente para los norteamericanos y posteriormente para los patriotas argentinos de 1853 quienes le añadieron la división vertical
del Poder añadièndole la división en estados (provincias para nosotros) y los condados (municipalidades para nosotros).
La economía de los países siguió avanzando y la moneda
aumentó su volumen en poder del público como el que se guardaba en los bancos y ese mismo volumen terminó por constituir un peligro en cuanto a que si mucha gente acudía a su
banco y retiraba sus fondos en una parte importante, era imposible satisfacerla. Es por ese motivo es que se crearon en un primera etapa los Bancos Centrales de propiedad del Estado
para que pudiera ayudar a los bancos a salir de las crisis denominadas “corridas” bancarias. La actividad de los bancos centrales en los tiempos que corren han crecido notablemente y son
un verdadero órgano de gobierno . Se puede decir sin temor ateniéndose a la realidad argentina que hoy en día el Congreso de la Nación no tiene las posibilidades reales de las que goza
el presidente del Banco Central en materia económica de producir hechos irreversibles en el ámbito crematístico. Así las cosas, está claro que el federalismo tan caro a la libertad y a la
eficiencia económica no tiene valor. El tipo de cambio que tiene tanta importancia para todo el sector exportador depende de lo que resuelva una persona que no consulta con nadie de
los posibles afectados. En este momento el dólar se lo pagan al productor a $ 200 cuando su valor es muy superior sin perjuicio de las llamadas ·”retenciones” ¿Alguien le preguntó a los
exportadores si esos valores le están resultando correctos? ¿Alguien investigó utilizando los criterios de Alfred Marshall (1880) sobre la influencia que tienen esos precios en la producción
de lo que se produce o de lo que no se produce? ¿Cómo sabe quién ha establecido los tipos de cambio o las retenciones ,si el país gana o pierde? Supongamos que aparezca un funcionario
lúcido y estudie el asunto y descubra que si el precio que se le paga al productor fuera mayor y que debido a ello ese productor se decidiría a producir algo que antes no producía porque no
le convenía, es muy probable que la provincia tenga màs utilidades que antes y tal vez la Nación tambièn, si rebajara las retenciones y mejorara el tipo de cambio. Nosotros necesitamos producir
màs y exportar màs. En este momento el Banco Central necesitaría, por lo menos, tener algùn comité asesor con representación provincial y obligación de ser oído para que le indique a la autoridad monetaria si conviene o no seguir la política de exportaciones que nos está dejando sin divisas por una parte y por la otra con provincias empobrecidas. Desde luego que ese comité debería tener galones y conocimientos superiores …y ser federal en serio.

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Guerra y geopolítica: dos realidades en el "avanzado" mundo del siglo XXI

 Por Alberto Hutschenreuter
 




El "regreso" de la guerra ha causado cierta frustración en el mundo y en algunas capillas de reflexión orientadas a pensar la historia en clave de evolución; es decir, respondiendo al viejo pero siempre vigente planteo de Kant en relación con si la humanidad avanza, está estacionada o involuciona, los notables adelantos que se registran  en los campos de la biotecnología (la "vida 3.0"), la inteligencia artificial y la conectividad nos acercan a un horizonte donde los antiguos vicios de la política internacional, por caso, la anarquía entre estados, la geopolítica, la guerra y el armamentismo, se van tornando realidades cada vez más anacrónicas e inconvenientes.
          Sin duda que el mundo evoluciona, pero una cosa es la evolución que implica mejoramiento o facilidades para el ser humano, por ejemplo, el experto Yuval Noah Harari considera que en las próximas décadas se alcanzará la "inmortalidad", entendiendo por ello empujar la muerte unas dos décadas más allá de la esperanza de vida de 80 años, que es la que existe en países de altos ingresos; y otra cosa son cambios de escala en el "alma y el corazón" del ser humano, los que hasta el momento no han sido posibles y sobre los que existen, si alguna vez se llegaran a alcanzar, inquietantes incertidumbres.
          En este sentido, la situación en la tercera década del siglo XXI no es demasiado diferente de la que existía antes de la Primera Guerra Mundial. Casi siempre que comienza un nuevo siglo o tras el final de una contienda mayor crecen las expectativas relativas con un "nuevo amanecer" de la Humanidad. Se trata, casi, de una regularidad histórica.
          Tras la Guerra Fría y el advenimiento de la nueva centuria ello volvió a ocurrir, siendo el proceso de la ya lejana globalización el sustrato que alimentó el optimismo, más allá de lo que sucedía en paralelo: entonces, por recordar lo más atroz, una guerra territorio-racial en Europa. Pero estos hechos, concretamente la guerra en la ex Yugoslavia, como también la guerra del Golfo, eran vistos como "desajustes" y "reajustes" de un mundo que ya se marchaba.
          El optimismo se mantuvo, y sí bien el siglo XXI debutó con clásicos y novedades disruptivas, por caso, la ampliación de la OTAN y el accionar global del terrorismo, se dio prácticamente por hecho que la guerra y la geopolítica, las "2-G" malditas y fragmentadoras de las relaciones internacionales, se hallaban en retroceso. Ello explica la considerable recepción, por ejemplo, que tuvieron conjeturas relativas con la disminución de la violencia en el mundo.
          Pero la guerra y la geopolítica no desaparecen porque decidamos que así sea. El gran polemólogo francés Gastón Bouthoul decía que firmar un tratado internacional para prescribir la guerra es como si los médicos decretaran que ya no habrá enfermedades. La guerra está allí y, como advertía Trotski, "viene hacia nosotros". Puede cambiar sus formas (aunque en la guerra en Ucrania no se ha visto mucho cambio), pero siempre supone capacidades, violencia organizada y, finalmente, cambio.  
 
          También sucede con la geopolítica: no existe el menor indicio relativo con que los actores preeminentes hayan abandonado el pensamiento y la acción en cuanto a volcar sus intereses políticos sobre territorios, particularmente sobre áreas estratégicas o selectivas. De China a Estados Unidos, pasando por India, Israel, Rusia, Brasil, por citar algunos de los poderes mayores e intermedios, todos mantienen una afirmada postura territorial o espacial.
          Por supuesto que nadie quiere la guerra, pero ella existe y podría volver a ser la gran protagonista del siglo, sobre todo cuando desde hace tiempo transitamos un desorden internacional confrontativo, es decir, los poderes mayores están enfrentados entre sí y nadie parece interesado en avanzar hacia algo que se parezca a un esbozo de orden o configuración; asimismo, el mundo está cada vez más "des-regimentalizado", esto es, van desapareciendo aquellas redes internacionales temáticas que sujetan a los estados, por caso, en el segmento de las armas de exterminio masivo.
          La guerra supone el fracaso de la diplomacia, pero, desde términos más prácticos, ocurre porque tienen lugar desequilibrios geopolíticos cuyas consecuencias provocan siempre querellas y confrontaciones, el caso más evidente es lo que finalmente llevó a la guerra en Ucrania (posiblemente la guerra más innecesaria desde 1945): la reacción militar de Rusia ante la aproximación de poderes a su misma frontera. 
 
          Guerra y geopolítica son términos que provocan reluctancia, pero son realidades categóricas. Han estado presentes desde siempre, más incluso que la paz (de hecho, no existe la paz total pero sí la guerra total). La historia registra la batalla de Qadesh (en el 1274 a. C.) como la primera guerra entre poderes preminentes, pero sin duda hubo otras antes. Y lo mismo sucede con la geopolítica: su estudio sistemático comenzó hace poco más de un siglo, pero se trata de un “niño anciano”. 
 
          Existen hoy “nuevas realidades”, algunas de ellas hasta tentadoras, que permitirían pensar “imágenes” optimistas. Pero ninguna de ellas implicará el fin de aquellas realidades en las décadas por venir. 

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Cuando los algoritmos están fuera de la ley: claves del juicio que puede cambiar internet

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El Tribunal Supremo de EEUU decidirá si empresas como Google, Meta o Twitter son responsables por recomendar y promocionar el contenido que publican los usuarios cuando se trata de organizaciones terroristas.

Se ha argumentado que la plataforma Twitter conocía que una organización terrorista la usaba para expandirse y que es responsable de no haber tomado medidas suficientes para impedirlo. Una corte federal ya les dio la razón y Twitter pidió al Supremo que se pronunciase para aclarar el caso.


FUENTE - DIARIO AR 



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sábado, febrero 25, 2023

Chat GPT & Educaciòn. Màs miradas integradoras

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Se desnuda,por un lado, lo vertiginoso de los cambios científicos y especialmente los tecnológicos de nuestro tiempo y, por otro lado, la enorme dificultad de buena parte de la sociedad de poder llegar a comprender el alcance de estas transformaciones que está impactando en sus vidas, aún sin saberlo.

En relación a lo primero, los estudios de prospectiva daban cuenta que mientras en inicios del siglo XX, el conocimiento se renovaba integralmente cada aproximadamente dos décadas, mientras que, al inicio de este siglo, esto sucedía cada cinco años aproximadamente. Hoy hay campos del saber cuya renovación es continua y en tiempos más breves.

Antes del alboroto del chatGTP, tecnologías de vanguardia como: Blockchain, la Nube, la Inteligencia Artificial (AI), internet de las Cosas (IoT) y como correlato de ello, las necesidades y urgencias de la ciberseguridad, estaban revolucionando los espacios públicos, entornos empresariales, el funcionamiento de la sociedad civil y la vida privada de las personas en todo el mundo. 

Tan profundos y acelerados son estos cambios que no llegamos a aprender el uso de nuevas tecnologías o artefactos, que ya existen renovadas maneras de hacer lo mismo, pero de mejor modo, o más simple, o más barato, etc.

FUENTE - PERFIL

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viernes, febrero 24, 2023

Literatura y exceso de corrección política

 Link Edición política


El caso de la reciente modificación de la versión inglesa de los libros de Roald Dahl (1916-1990) es un ejemplo más de que los diccionarios de cada lengua corren el peligro de ser reemplazados por versiones eufemísticas que se adapten a las buenas intenciones de la corrección política.

FUENTE - TIEMPO ARGENTINO

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CULTURA - Reflexiones del titular del Instituto Cervantes

 

Link Cervantes


 “Una cosa que me molesta es la opinión despreciativa sobre la cultura que tiene el pensamiento más reaccionario. Piensan que si hay inversiones en otras cosas es normal, pero en materia cultural parece que se hablara de dinero perdido, de buscar amigos, y eso es reaccionario. Los valores democráticos se sostienen en la cultura. Un idioma no es solo un vocabulario, porque en las palabras caben los valores democráticos y culturales, los valores de derechos humanos, y debemos unir nuestro idioma a ese territorio. Yo defiendo las inversiones en cultura en toda nuestra comunidad".

FUENTE CLARIN

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Los nuevos “influencers mercenarios” disparan fake news por dinero para acosar a enemigos políticos

Link  Influencers mercenarios 


Las campañas de desinformación con fines de lucro son moneda corriente, pero el traslado al mundo virtual implica un tipo de mercenario nuevo, o “mercenario de influencia digital”, un campo con mucho prospecto a futuro y alta demanda. Hay motivación monetaria, sin dudas, pero en varios casos también puede haber ideológica, como ocurre por ejemplo con los partidarios de Donald Trump.

FUENTE - INFOBAE



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jueves, febrero 23, 2023

ChatGPT - Chapter 2 Libros- Amazon revolucionada?

Link El problemón de Amazon con ChatGPT: un aluvión de libros para Kindle escritos con la IA


Tras su lanzamiento en noviembre, ChatGPT figura ya como autor o coautor en más de 200 libros de Kindle la librería de Amazon, aunque muchos autores no indican esta colaboración en las descripciones de sus libros.

FUENTE-  EL ESPAÑOL

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miércoles, febrero 22, 2023

Chat GPT - Chapter 1 - Educación

Link CHAT GPT y la educación 


LA NACIÓN consultó al Ministerio de Educación de la Nación y al porteño y a la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense sobre qué tienen planeado para este año respecto al ChatGPT, y si cuentan con un plan para incorporar la IA a la enseñanza. Este medio solo recibió la respuesta de la cartera de la Capital, cuyos voceros explicaron que el ChatGPT es una herramienta demasiado nueva y que la están estudiando. Sin embargo, aclararon que no es una posibilidad la prohibición de esta herramienta ni de cualquier avance tecnológico, “aunque sí hay que ver bien cómo y cuándo usarlo de la mejor manera”, detallaron.

FUENTE - LA NACION

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lunes, febrero 20, 2023

Una guerra que nos recuerda que las relaciones internacionales son, ante todo, relaciones de poder

 Por Alberto Hutschenreuter





El 24 de febrero de 2022 Rusia puso en marcha lo que denominó una "operación militar especial" en Ucrania. En los términos del Kremlin, lo hacía para proteger a la población del este de Ucrania y para desnazificar el gobierno de ese país. Es decir, en dichos términos se trataba de una medida nacional de carácter "defensivo".  

 

          ¿Pudo evitarse lo que fue una invasión a un país soberano? Sin duda que sí. Es verdad que ningún país estaciona 130.000 soldados y equipos alrededor de otro país si no es para presionar y eventualmente lanzarse sobre él. Pero casi hasta último momento se pudo evitar la intervención. La "demanda cero" de Rusia implicaba, básicamente, dos cosas: algún aval relativo con que la OTAN no se extendería al oeste inmediato de Rusia, es decir, a Bielorrusia  Ucrania y Georgia; y que se restituyera el estatuto de autonomía a las poblaciones del Donbass (hay que recordar que en febrero de 2014 la ley Kivalov-Kolesnichenko de 2012, que permitía el uso oficial de la lengua rusa, fue abolida por el Parlamento ucraniano; también es pertinente recordar que los Acuerdos de Minsk, de 2014 y 2015, preveían la autonomía de dicha región). 

 
          No se trataba de una demanda incumplible. Ni siquiera hacía falta una garantía: bien podía haberse establecido una moratoria de diez años, por marcar un tiempo. La diplomacia occidental hizo ofrecimientos interesantes, por ejemplo, en materia de acuerdos de desarme y medidas de confianza, pero no sólo no dio respuestas al pedido medular de Rusia, sino que continuó siendo "ambigua" sobre la ampliación. Claramente, hoy tiene toda la justificación para hacerlo. De hecho, el Nuevo Concepto Estratégico de la OTAN aprobado en 2022 en Madrid implica una previa de ampliación al incrementar sensiblemente la acumulación de capacidades desde el Báltico hasta el Mar Negro. 


          Ahora bien, ¿por qué no se evitó la invasión si era posible hacerlo? La respuesta a esta pregunta muy posiblemente se halla en los “fundamentals” de las relaciones internacionales, es decir, en aquellos patrones sobre los que descansa protohistóricamente la disciplina: la competencia, el poder, la influencia, las capacidades, la inteligencia, la autoayuda y la incertidumbre en las intenciones de los estados. 


          Es cierto que hay otros componentes que suponen gestión en las relaciones: la diplomacia las organizaciones intergubernamentales, el oficio de personalidades o funcionarios de escala, las redes comerciales, la conectividad, el balance de poder, etc. Los mismos adquieren mayor funcionalidad en tiempos de orden internacional, es decir, en tiempos de paz. 


          Son dos situaciones: el modelo de polos o de poder, y el modelo multilateral. Hoy, y desde hace mucho tiempo, predomina el primer modelo. No obstante las ventajas del segundo en relación con la estabilidad, ello no implica que, como advertía Churchill, los poderes mayores vayan a permitir que las organizaciones adopten decisiones por ellos. Solo predominan  condiciones para que la cooperación fluya, entre ellas, la relativa satisfacción estratégica de esos poderes. 


          Regresando a nuestro planteo, si Occidente accedía a la demanda rusa, entonces habría una “capitulación” ante Rusia y se echaría por tierra la concepción y acción estratégica-geopolítica que se llevaba adelante frente a ese país desde hace mucho tiempo, posiblemente desde el mismo final de la Guerra Fría, cuando, tras la victoria, Occidente se propuso impedir que una Rusia eventualmente poderosa en Eurasia volviera a cuestionar la supremacía occidental. 


          Desde entonces y hasta hoy, dicho propósito descartó cualquier diagonal, consenso o equilibrio con Rusia, es decir, componentes que tienden a estabilizar las relaciones internacionales. 


          Mientras en términos estratégicos se buscó llevar la victoria de la Guerra Fría más allá, rentabilizando la misma, ahora ante la Federación Rusa, geopolíticamente se buscó un modelo de poscontención que mantuviera a una Rusia (geopolíticamente revisionista bajo cualquier régimen) encerrada dentro de sus fronteras. Es decir, se maximizaron los componentes del modelo de poder, no los de acuerdos y los de deferencia geopolítica, siempre necesarios para evitar descontentos y humillaciones que acaban creando disrupciones. 


          Y así fue hasta que Rusia, cuando no logró la respuesta esperada a su demanda, recurrió a la técnica de poder más riesgosa para salvaguardar intereses: la guerra. Y, tras un año de confrontación, la lógica occidental continúa siendo la de lograr el debilitamiento (y de ser posible la capitulación) de su rival. Nada es más funcional en materia de rivalidad interestatal que una de las partes se encuentre en una situación de sangrado (“bloodletting”), que es también una técnica relativa con la obtención de ganancias de poder entre estados. 


          Por ello, de muy poco sirve concentrarse en las relaciones internacionales en categorías como "bondadosos" y "malévolos", "pacíficos" y "belicistas", "autócratas" y "democráticos", entre otras. Es mucho más efectivo concentrarse en aquellas cuestiones habituales o "políticas como de costumbre", según los términos de Stanley Hoffmann, al momento de tratar de comprender lo que sucede en la denominada arena internacional donde los estados, a modo de gladiadores, se estudian y desconfían entre sí, según nos sigue advirtiendo Thomas Hobbes desde su principal obra. 


          Estados Unidos y la ex Unión Soviética redujeron por décadas las relaciones internacionales a su lógica de poder. Si bien la segunda no aceptaba el statu quo porque era un poder revolucionario, construyeron un sistema relativamente equilibrado de poder que "amortiguaba" tensiones y conflictos. Lo central, entonces, era la estructura del sistema internacional, esa "tercera imagen" a la que se refería Kenneth Waltz como factor de estabilidad o guerra. 


          Lo que sucede en Ucrania obedece a cuestiones de poder. A lógicas de rivalidad desprovistas de red, es decir, sin siquiera mínimos de orden. En ese conflicto se concentran todos aquellos factores que dan vida a las relaciones internacionales. Nada que pueda sorprender: relaciones de poder; pero, y es lo preocupante, prácticamente bajo condiciones de "suma cero", puesto que ninguna parte se muestra dispuesta a ceder, algo que siempre ha significado escenarios de disrupción mayor. 


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martes, febrero 14, 2023

2023


 
Por Gustavo Ferrari Wolfenson


El país entró en un nuevo año electoral.
Será la 10 vez que se elegirá un presidente en los 40 años de democracia.
Es el periodo más extenso en la vida institucional de la Argentina bajo regímenes democráticos.
Los otrora golpeteos de puertas en los cuarteles para salvar a la patria han quedado en el olvido,
lo mismo que el papel de las fuerzas armadas en su papel institucional como garante de la Patria.
Nunca antes en estos 40 años se llega a un proceso electoral con la total indiferencia de una ciudadanía que se dio cuenta que el sistema no ha podido generarle un estado de bienestar digno
donde la dirigencia política está más pendiente en preservar su espacio de supervivencia que en encontrar los caminos consensuados para salir de los tremendos índices sociales, económicos, morales y humanos en que nos encontramos.
Hay una Argentina política que rosquea por querer el poder y otra Argentina silenciosa que reclama poder trabajar, vivir con orden, salir a la calle y convivir, no confrontar.
Ayer en una entrevista en la revista del diario la Nación, Juan José Campanella señaló:  Extraño una Argentina que no está más”
Y es cierto,
La Argentina del trabajo, del mérito, del buenos días, del muchas gracias, del perdón, de los modales que nada tienen que ver con el nivel de escolaridad se ha perdido y se extraña.
La frase de “mi hijo el doctor”,  del inmigrante que venía a hacer Patria,  se convirtió en los laberintos del narcomenudeo de las villas de emergencia,  o en las mafias de las maternidades para que vengan a dar a luz rusas.
2023 es un año electoral.  
El oficialismo, tratando de agarrarse de donde ya no puede para conservar su espacio, pero sobre todo su caja para sobrevivir.El país entró en un nuevo año electoral.


Será la 10 vez que se elegirá un presidente en los 40 años de democracia.
Es el periodo más extenso en la vida institucional de la Argentina bajo regímenes democráticos.
Los otrora golpeteos de puertas en los cuarteles para salvar a la patria han quedado en el olvido,
Lo mismo que el papel de las fuerzas armadas en su papel institucional como garante de la patria.
Nunca antes en estos 40 años se llega a un proceso electoral con la total indiferencia de una ciudadanía que se dio cuenta que el sistema no ha podido generarle un estado de bienestar digno
donde la dirigencia política está más pendiente en preservar su espacio de supervivencia que en encontrar los caminos consensuados para salir de los tremendos índices sociales, económicos, morales y humanos en que nos encontramos.
Hay una Argentina política que rosquea por querer el poder y otra Argentina silenciosa que reclama poder trabajar, vivir con orden, salir a la calle y convivir, no confrontar.
Ayer en una entrevista en la revista del diario la Nación, Juan José Campanella señaló:  Extraño una Argentina que no está más”
Y es cierto,
La Argentina del trabajo, del mérito, del buenos días, del muchas gracias, del perdón, de los modales que nada tienen que ver con el nivel de escolaridad se ha perdido y se extraña.
La frase de “mi hijo el doctor”,  del inmigrante que venía a hacer Patria,  se convirtió en los laberintos del narcomenudeo de las villas de emergencia,  o en las mafias de las maternidades para que vengan a dar a luz rusas.
2023 es un año electoral.  
El oficialismo, tratando de agarrarse de donde ya no puede para conservar su espacio, pero sobre todo su caja para sobrevivir.
La oposición, quizá en el único momento en estos 40 años,  en donde tienen asegurado el triunfo, aún no saben con qué herramientas va a jugar el próximo partido.
El interrogante es: “O más de lo mismo o el cambio verdadero”.
Muchos de los actores que han frenado el desarrollo y crecimiento siguen más vigentes que nunca y con las mismas o peores garras de siempre.
Qué triste es celebrar los 40 años con indiferencia, apatía y resignación.
MI pregunta en esta intervención es: Hay esperanza de que haya una Argentina que exista.

jueves, febrero 09, 2023

Sonámbulos en 1914, apaciguadores antes de 1939, insensatos en 2022

 Por Alberto Hutschenreuter




En 1914 y en 1939 las relaciones internacionales sufrieron una disrupción mayor. Si bien antes hubo guerras prolongadas y totales, pensemos en la Guerra de los Treinta Años o en la Guerra Civil norteamericana, las confrontaciones que se iniciaron aquellos años fueron no sólo extensas y totales, sino que también fueron a escala mundial y el descenso de la seguridad humana se midió en millones de muertes, heridos y desaparecidos. Sólo basta considerar que en 1945, cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, la URSS y China habían sufrido 38 millones de muertos.

Esta última conflagración implicó no sólo el despliegue de medios terrestres navales y aéreos de modo masivo, sino que el carácter de exterminio que asumió la guerra entre algunos actores, por caso, Japón y China o Alemania y la URSS, implicó que sólo la rendición incondicional pondría fin a la contienda. En el caso de Japón, Estados Unidos consideró y decidió necesario utilizar su poder atómico (capacidad letal sin precedente en materia de guerras) para lograr la rendición, si bien es cierto que también hubo otros fines.

Las dos grandes rupturas en el siglo XX, que tuvieron enormes consecuencias, posiblemente pudieron haberse evitado. Puede que no tenga sentido plantearlo, pero ello es pertinente al menos por dos situaciones: por un lado, porque nos muestran que, a veces, los estados preeminentes adoptan decisiones equivocadas o apresuradas que terminan resultando catastróficas; por otro, a la luz de los hechos, pareciera que cuesta considerar el valor de la experiencia, sobre todo atendiendo los hechos que suceden hoy.

En relación con 1914, Henry Kissinger sostiene que llama la atención que la confrontación no hubiera comenzado antes, pues la situación en los Balcanes era más tensa que cuando se produjo el atentado en Sarajevo, a fines de junio de 1914, el hecho que activó una bomba de la que nadie tuvo idea de lo que implicaría cuando finalmente detonara.

Por ello, el historiador Christopher Clark ha calificado a los hombres que tomaban decisiones antes del 28 de julio de 1914, cuando comenzó la guerra, como "sonámbulos": "[...] no valoraban las consecuencias de las acciones. Lo que para ellos parecía razonable acabó produciendo resultados irracionales".

Ese estado explica que las potencias preeminentes no salvaguardaran sus relaciones, que, más allá de las alianzas y tensiones que había entre ellas, no estaban atravesadas por situaciones irreductibles que solo podían resolverse por medio de las armas. Por ello, con notable precisión, en su excelente obra Diplomacia Kissinger sostiene que "Lo paradójico de julio de 1914 fue que los países que tenían razones políticas para ir a la guerra no estaban sujetos a rígidos programas de movilización, mientras que las naciones con rígidos de movilización, como Alemania y Rusia, no tenían ninguna razón para ir a la guerra”.

En cuanto a la guerra total que comenzó en 1939, hay enfoques, como el del historiador británico Alan J. P. Taylor, que consideran que las responsabilidades están repartidas, pues la diplomacia de apaciguamiento practicada por las potencias occidentales permitió que la concepción geopolítica revolucionaria de la Alemania nazi lograra, "lonja tras lonja", como decía el general francés André Beaufre, obtener (mientras todavía no estaba en condiciones de desafiar militarmente a aquellas potencias) resultados cada vez más osados, hasta que fue muy tarde para detenerla.

El 24 de febrero de 2022 Rusia puso en marcha lo que denominó "operación militar especial", una intervención militar en Ucrania en varias direcciones. Posiblemente, el propósito fue tomar rápidamente la capital y capturar al gobierno.

La pregunta aquí es: ¿se trató de una medida propia de un actor con instintos geopolíticos agresivos perpetuos, se debió a una rivalidad ruso-occidental casi protohistórica, o fue consecuencia de la insensatez geopolítica occidental?

Seguramente las respuestas estarán repartidas. Desde los hechos y desde la experiencia, que es lo único que verdaderamente importa, lo que sucedió en febrero de 2022 se debió a la ruptura de códigos geopolíticos que necesariamente deben ser observados por los "actores estratégicos de orden internacional", es decir, aquellos que deben trabajar por el equilibrio y la estabilidad interestatal, las mayores ausencias en el mundo del siglo XXI.

 En materia de hechos, es casi indiscutible que la extensión de la OTAN a los países de Europa central, esto es, Polonia, República Checa y Hungría, era un hecho esperable, más allá de que Estados Unidos había asegurado a Gorbachov que la Alianza no se extendería. Se trataba de una "renta" por la victoria en la Guerra Fría. También más allá, los Estados del Báltico. Pero no limitar la extensión hacia zonas rojas rusas implicaba rebasar los términos de la victoria, algo que Clausewitz habría desaconsejado de plano.


En otros términos, Occidente, y aquí la Unión Europea corre con responsabilidades por no considerar sus intereses y mantenerse invariablemente en su "strategic comfort zone", nunca reparó (incluso hoy) que la seguridad interestatal exige equilibrios geopolíticos, pues lograr ganancias de seguridad en detrimento de la seguridad de otro siempre tendrá consecuencias, sobre todo si ese otro es un actor de alta sensibilidad territorial.

Aquí es pertinente otro interrogante: ¿era necesario crearle a Ucrania la ilusión de que podría convertirse en miembro de la OTAN? Ello hizo que Kiev descartada cualquier otra alternativa en materia de política exterior y de seguridad. Lo que hemos denominado "doctrina Zelensky" implicó "en la OTAN o nada". Y fue la invasión y la guerra.

En materia de experiencia, cada vez que los poderes preeminentes pusieron por encima del equilibrio geopolítico y la indivisibilidad de la seguridad los intereses de un actor menor ubicado en zonas geopolíticas de fragmentación, sobrevino la disrupción.

En otros términos, la posibilidad de un orden internacional nunca podrá basarse en intentos relativos con excluir a un actor preeminente, o en llevar adelante políticas dirigidas a disminuir su seguridad cercándolo en sus mismas fronteras.

 
En la primera mitad del siglo XX ocurrieron dos cataclismos internacionales con consecuencias que se extendieron por décadas. En gran medida, las guerras mundiales ocurrieron porque no solo fracasó la diplomacia, sino porque hubo ausencia de firmeza militar cuando los hechos la requirieron, por caso, cuando en 1936 Alemania ocupó la zona desmilitarizada de Renania. En febrero de 2022 se produjo un hecho que derivó en una guerra que está por cumplir un año y que posiblemente ya causó más de 180.000 muertos. Además, no se ven perspectivas de acuerdo, pues las posiciones de las partes se volvieron casi irreductibles, y los “valedores” de Ucrania solo consideran incrementar la asistencia, es decir, mantener lateralizada la diplomacia.


A menos que una ofensiva contundente llevada adelante por alguna de las partes provoque el derrumbe de la otra, la guerra será larga y hasta tendría semejanzas, por la situación estática, con la guerra de trincheras de 1914 -1918. También podría suceder que un incidente o el suministro de armas que le permitan a Ucrania golpear en la profundidad de la retaguardia rusa (de hecho, ello podría suceder con el ya aprobado suministro a Kiev de misiles de máxima precisión GLSDB, con un alcance de 150 kilómetros) suscite una reacción rusa que deje la guerra ad portas de una guerra mundial.
 

Semejante escenario implicaría otra calamidad mayor para la humanidad, una catástrofe que se podría haberse evitado si no hubiera predominado la insensatez geopolítica sobre el necesario equilibrio geopolítico, y no se hubiera desdeñado la experiencia histórica, la herramienta más valiosa para intentar evitar futuros a los que nunca se hubiera querido llegar.  

miércoles, febrero 01, 2023

El Audio de Construcción plural del 010223

Escucha"Construcción Plural - Programa 972" en Spreaker.