martes, septiembre 23, 2025

La balanza de poderes en Europa del Este

 Por Lisandro Zamorano


Es sencillo identificar a las facetas tempo espaciales de una guerra. Por contrapartida, lo complejo es saber interpretar sus mensajes y sus propios códigos a tiempo. Hablar de ayuda a Kiev, de tratos eventuales de alto al fuego en la región de conflicto, o de una paz prolongada es algo que tiene requerimientos y quejas desde su propio seno. En este sentido, estamos en condiciones de afirmar que se trata de un terreno donde se están disputando varios intereses. Se presenta en dicho escenario un modelo de interacción que tiene lugar entre y dentro de estados, empresas, grupos, personas u organizaciones, lo que significa que el proceso se da a nivel intra e interestatal y también no estatalmente. Por lo cual, es necesario identificar a los actores que se benefician con este ámbito, llegando a predecir sus futuras acciones en el sector de conflicto.

La falta de informaciones sobre las condiciones específicas de vida de Ucrania y sus problemas demográficos resulta un elemento que no se puede pasar por alto. Respecto a los datos de índole económica, durante los últimos tres años, Ucrania recibió más de 45 millones de dólares en asistencia financiera por parte de Google.[i]

En cuanto a la ‘’globalización de la guerra’’, la ayuda europea sigue siendo escasa mientras que hoy Estados Unidos es criticado desde medios opositores por cometer errores de carácter táctico en función de su política actual hacia Ucrania. A partir de aquí inciden valores opuestos, en lo relativo a las formas de guerrear y hacia estrategias directas e indirectas de largo plazo. Mucho se ha hablado en los medios en cuanto al conflicto entre Rusia y Ucrania, descrito por algunos como ‘’invasión’’ mientras que otros mencionando la palabra ‘’operación especial’. Aquello que ocurre en este difuso, poco esclarecido escenario de batalla, es un enfrentamiento que es además dialéctico. Son distintas las modalidades de combate de un lado y de otro. Mientras que Rusia apunta por un predominio ofensivo aéreo, Ucrania tiende a consolidar un cinturón de defensa terrestre en su territorio para aislar al ataque ruso hacia el interior y destruirlo. Se trata de una maniobra de mayor extensión que tiene como objetivo afectar la logística y el potencial de destrucción enemigo. Es un hecho que los gigantes tecnológicos toman su posición en la guerra, así como otros actores. También, es por caso la situación en que se encuentran los complejos militares industriales en la región. Conviene anticipar, sin ir más lejos, la construcción del Ukroboronprom, referente local de la producción de armas y equipos militares en la zona.[ii]

Geopolíticamente hablando, quien no ocupa un espacio lo hace otro. Y en una confrontación bélica de esta magnitud, donde las interrupciones y los avances son la norma, lo que está en juego es el reordenamiento territorial de Europa. Concluir a grandes rasgos sobre este tema implica afirmar férreamente que la política exterior de un país es un reflejo de su estructura interna. La guerra deja de ser lineal. La cultura militar cambia también.

 

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domingo, mayo 11, 2025

Alaska, enclave estratégico en los EEUU.

Por Lisandro Zamorano


Corría enero del 2022 cuando la administración Biden redujo un tercio del área
disponible para el trabajo con petróleo y gas natural dentro de la reserva nacional de
petróleo, localizada en el oeste de la zona de reservas naturales de Alaska (anwr 1 ), a
partir de 18.6 a 11.8 millón de acres. El departamento estadounidense del interior
aprobó en marzo del 2023 una versión de destilería petrolera que podría haber
producido arriba de 180.000 barriles diarios en la reserva. El primer proyecto de
producción se espera para el 2029. Una gran parte de la producción petrolera de Alaska,
alrededor del 95 por ciento, tiene lugar en su región norte. El gasoducto trans-alaska,
que empezó operando en 1977, se encarga de transportar 800 millas de crudo desde el
lado norte hasta el puerto de Valdez, situado en la costa sur de Alaska. Desde 2003, los
envíos han sido menos de un millón de barriles diarios, y promedió un record de
469.000 barriles por día en 2023. Los bajos volúmenes de la producción causaron que el
petróleo se mueva más lentamente en el gasoducto, lo cual generó desafíos para los
operadores que se encontraban allí, incluyendo la formación de hielo dentro del crudo
mismo.
La región centro-sur de Alaska confía en la producción de gas natural más que en un 70
% de sus necesidades eléctricas y de calefacción. Ocurre que las reservas de gas
cercanas a Anchorage, que brindaron energía al área desde 1960, están disminuyendo y
los precios subieron. En 2005, los precios mayoristas de gas fueron de 3.75 $ por 1000
pie cubico de gas natural. En 2024, el precio se había duplicado a 8.75$, Mientras tanto,
el resto de Estados Unidos contempló el fenómeno del gas natural y sus precios
cortados por la mitad en ese momento, debido a cuestiones relacionadas al fracking. En
2022, Hilcorp, la compañía responsable de aproximadamente el 85% de la producción
de gas, reportó que para 2027 no sería capaz de encargarse del suministro de suficiente
gas para utilidades que contribuyan a la región.
Otras soluciones además del gasoducto son lentas y costosas. Las utilidades locales
estiman que la eficacia en la mejora de energía y el desarrollo de energía renovable
puede reducir la demanda de gas por alrededor de un 10% en los próximos años.
Asimismo, en un 15% después de una década. Sin embargo, retrotraerse a la capacidad
del área y la ineficiencia energética domestica no va a ser rápido o barato.

https://www.alyeska-pipe.com/wp-content/uploads/2021/04/PP-Flow-Assurance-4-21-B.pdf

Pero lo más importante está en la capacidad petrolera de Alaska, contando con cinco
refinerías operando, con una capacidad de casi 170.000 barriles de crudo por año. Dos
de estas refinerías, en la bahía de Prudhoe, forman parte del suministro. Se encargan de
producir gasolina y otro tipo de combustibles. La potencialidad de la región norte de
Alaska es la más llamativa. Cuenta con 200 trillones de pies cúbicos que permanecen
sin ser explorados y utilizando la tecnología necesaria se puede llegar a extraer otros
590 trillones de pies cúbicos más, en función de lo expresado por la compañía de
gasoductos del país, de carácter estatal que promueve la extracción total del gas y su
posterior comercialización.
La influencia ejercida sobre Alaska tiene que ver con invertir en infraestructura
domestica para mantener la soberanía energética o bien adecuarse a la flexibilidad, y el
potencial costo como efecto, de los mercados globales. Alaska es el estado de mayor
extensión territorial en los EEUU en lo que refiere al consumo de combustible de avión.
Es una estación significativa para la carga de combustible militar, comercial y vuelos de
carga entre los Estados Unidos y países asiáticos.
El petróleo en Alaska ha sido un tema central en la política energética y ambiental de
Estados Unidos durante décadas. La región alberga importantes reservas de crudo,
especialmente en la Reserva Nacional de Petróleo (NPRA) y en el Refugio Nacional de
Vida Silvestre del Ártico (ANWR). Sin embargo, la explotación de estos recursos ha
generado intensos debates sobre los beneficios económicos frente a los riesgos
ambientales y sociales. (mantenimiento de las reservas petroleras en la región)
Uno de los desarrollos más polémicos en la historia reciente de Alaska es el proyecto
Willow, propuesto por la empresa ConocoPhillips. Ubicado en la NPRA, este proyecto
busca extraer hasta 600 millones de barriles de petróleo durante varias décadas. Se
estima que alcanzaría una producción de hasta 180.000 barriles diarios en su punto
máximo, lo que podría liberar aproximadamente 9,2 millones de toneladas métricas de
CO₂ anuales, equivalentes a añadir 2 millones de vehículos de gasolina a las carreteras
. La administración del presidente Joe Biden aprobó el proyecto en marzo de 2023, a
pesar de las promesas previas de limitar la perforación en tierras federales. Esta decisión
fue criticada por ambientalistas, científicos y comunidades indígenas, quienes
argumentaron que contradecía los compromisos climáticos del gobierno y ponía en
peligro ecosistemas vulnerables del Ártico . En cuanto a las reacciones y desafíos
legales, la aprobación del proyecto Willow trajo consigo una ola de protestas y

demandas legales. Organizaciones como Earthjustice y Greenpeace, junto con
comunidades indígenas cercanas al proyecto, presentaron demandas para detener su
avance, argumentando que la revisión ambiental no consideró adecuadamente el
impacto climático total y que la infraestructura del proyecto podría facilitar futuras
perforaciones adicionales. Además, el gobernador de Alaska, Mike Dunleavy, otorgó $1
millón en fondos estatales al grupo indígena Voice of the Arctic Iñupiat (VAI), que
apoya la perforación en el Ártico, lo que generó controversia sobre el uso de recursos
públicos para influir en el debate.
El futuro de la industria petrolera en Alaska está marcado por una creciente tensión
entre el impulso por la producción de energía y las preocupaciones ambientales y
sociales. Mientras algunos sectores políticos y económicos defienden la explotación de
estos recursos como esencial para la seguridad energética y el desarrollo económico,
otros abogan por una transición hacia fuentes de energía más sostenibles y por la
protección de los ecosistemas del Ártico. La evolución de proyectos como Willow será
un indicador clave de la dirección que tomará la política energética de Estados Unidos
en los próximos años. Otro de los principales interrogantes que surge es 
¿qué consecuencias recaen sobre la economía del resto de EEUU?

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lunes, enero 20, 2025

#DialogosdeVerano . Hoy, Trump analizado x Gustavo Ferrari Wolfenson

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jueves, diciembre 19, 2024

Aires de cambio para la OEA

 Por Gustavo Ferrari Wolfenson


El año nuevo está a pocos días de comenzar y con el primero de enero ya tocando las puertas, nuestro querido continente americano tendrá que darle vida, rumbo y certeza a los nuevos tiempos que se presentan en la región. Su principal organismo, la OEA, creada en 1948 con el objetivo de una cooperación solidaria entre los países miembros, contribuir a la eliminación de la pobreza y fomentar la democracia, se ha ido convirtiendo en un reducto burocrático continental cuya poder de maniobra ha perdido credibilidad y posicionamiento.

El miércoles 4 de diciembre en el Salón Simón Bolívar de la sede de la OEA en Washington, DC, el Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) se reunió para homenajear al fallecido ex Presidente de Chile Sebastián Piñera, y para considerar el proyecto de resolución “Convocatoria a períodos extraordinarios de sesiones de la Asamblea General para elegir al Secretario General y al Secretario General Adjunto de la Organización de los Estados Americanos, que finalmente será el 10 de marzo del próximo año. 


La cargada para la sucesión del actual Secretario General Luis Almagro comenzó desde hace meses. Surinam, se lanzó en punta para proponer nuevamente a un eterno aspirante al cargo como lo es el Albert Ramdin. El hoy ministro de Relaciones Exteriores de ese país, ya se ha desempeñado durante la gestión de José Miguel Insulza en la OEA (2005-2015) como Secretario General Adjunto, un rol más administrativo que político y ahora quiere volver a la organización como número uno. Sin embargo, su gestión al frente de la cancillería surinamense ha sido duramente criticada por su falta de transparencia y según muchos de sus detractores, por un desempeño ineficiente en la función pública. Lo que sí es notorio es que no goza de la popularidad y prestigio internacional que necesitaría para aspirar ese cargo y está en duda el apoyo explicó del presidente y del gabinete de su país para impulsar, apoyar y negociar su candidatura. 

Ramdin, presume que cuenta con el apoyo del gobierno de Lula y del Perú. Lo real es que el gobierno de Brasil no se ha pronunciado al respecto y la Presidenta de Perú Dina Boluarte, tuvo que destituir recientemente a su ministro de Relaciones Exteriores, por haber falseado el apoyo oficial del Perú sin su conocimiento, ni la autorización del congreso de su país. 

Otros candidatos aspirantes que inicialmente asomaron son el actual secretario general adjunto, Néstor Méndez, ex embajador de Belice, pero en las últimas semanas ha manifestado que prefiere alguna representación diplomática de su país. 

La  ex presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla y la ex vicepresidenta y excanciller de Panamá, Isabel de Saint Malo cubrirían el cupo femenino de los aspirantes aunque no ha habido mucho movimiento ni respaldo al respecto. Por su parte México, que si bien en su momento consideró la figura de la ex Secretaria Ejecutiva de la CEPAL y ex canciller de López Obrador Alicia Bárcena, no se ha pronunciado por postular ningún candidato. Curiosamente jamás un mexicano ha ejercido ese cargo en los 76 años de vida de la organización. Por lo tanto no sería de extrañar que Colombia, Chile, México y República Dominicana, quienes se han mantenido hasta ahora al margen, destapen a último momento un candidato afines a ellos


Dejo para el final el nombre de Rubén Ramírez Lezcano, dos veces ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay: ex funcionario de organismos internacionales, con experiencia en misiones electorales de la OEA, altamente negociador, quien con amplio conocimiento de la problemática del continente y defensor del multilateralismo, ha iniciado una intensa gira de visitas por los diferentes países miembros con conversaciones sobre el futuro de la organización con los principales actores decisorios. Fue notaria la presencia de Ramírez Lezcano en Mar a Lago a los pocos días del triunfo de Donald Trump, que confirma el dicho popular diplomático que dice “Es muy difícil que gane el candidato que quiere Estados Unidos , pero es imposible que gane uno que no quiera Estados Unidos”.  El peso de Estados Unidos es muy importante, ya que si bien su voto vale uno, es el principal aportante económico para el funcionamiento de la organización, que además tiene sede en Washington. Hoy Ramírez Lezcano pareciera afirmarse como el más serio de los aspirantes.

De los 35 países que llegaron a integrar la OEA hoy hay 32 activos, dado que Cuba fue excluida en 1962, Venezuela la integra formalmente pero no en los hechos y Nicaragua formalizó su salida el noviembre de 2023, dos años después de denunciar la carta fundacional.

Para ser electo Secretario General el candidato deberá lograr la mayoría simple de los votos, que en este contexto serían 17 apoyos.

La carrera electoral para elegir al sucesor de Luis Almagro ya comenzó y terminará en marzo próximo, cuando todos los países deban votar por uno de los candidatos que llega al final de la contienda.

Mas allá de quien será el elegido, la principal tarea que deberá asumir el nuevo Secretario General será plantearse revivir a la Organización, sacarla de la planicie burocrática en que se ha inmerso y ser un actor más presente y activo en los principios que le dieron origen como defensa del estado de derecho, el fortalecimiento de la calidad de la democracia, el respeto irrestricto a los derechos humanos, de la construcción de una cultura de paz, la lucha contra el narcotráfico y afirmarse como un foro político para la toma de decisiones, el diálogo multilateral y la integración de una América que aún no ha podido salir de sus años de desencuentros, inestabilidades y una pobreza extrema.  

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miércoles, diciembre 04, 2024

El No Alineamiento y la Ivy League

 En NOTIAR, escribe nuestro Corresponsal radial en América del Norte Gustavo Ferrari Wolfenson: 



Luego de años en Harvard, de haber podido codearme,  disfrutado y aprovechado cada rincón de la universidad, de recibir de parte de Sam Huntington la distinción de haberme considerado uno de los personajes más activos que pasó por el CFIA,  cierro esta narrativa con un homenaje al maestro Kissinger a partir de su recuerdo, su persona y a esa capacidad de resumir en breves palabras  escritas por su puño y letra,   su opinión de  mi investigación sobre los Países No alineados “So latín, so emotional, very good”.

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viernes, enero 19, 2024

El frágil desorden del mundo

 Por Alberto Hutschenreuter




 

¿Hay algo más preocupante que un mundo sin orden o configuración, es decir, un mundo donde el establecimiento y deferencia de normas comunes que favorezcan la cooperación entre los Estados se reduzca casi a mínimos? Pues sí: un mundo en el que los actores preeminentes que deberían estar “preocupados y ocupados” en la construcción del orden se encuentren bajo creciente rivalidad, al punto de que la situación no sea de “pacífico desacuerdo” sobre diferentes cuestiones sino de tensa discordia o de "guerra latente".

Es el estado del mundo hoy, donde solo una situación que implique una "fuga hacia delante" en la placa geopolítica de Asia-Pacífico, digamos, a partir de un incidente o provocación mayor entre China y Taiwán o entre China y Japón, coloque al mundo en una nueva catástrofe militar a escala mundial; pues entonces, los tres escenarios selectivos, es decir, los de mayor concentración de intereses geopolíticos, geoeconómicos y geoestratégicos (esto último implica actores mayores e intermedios en liza), Europa del este, Medio Oriente-Golfo Pérsico y Asia-Pacífico, estarán atravesados por el estado de guerra.

Sí ello finalmente sucediera, la principal preocupación manifestada por Henry Kissinger en su obra Orden Mundial, la de no lograr reconstruir un sistema interestatal estable, no solamente será realidad, sino que hasta podrían crearse situaciones novedosas, complejas y turbulentas, por caso, órdenes regionales bajo determinadas esferas de influencia identificadas con estructuras internas y formas de gobierno particulares, por ejemplo, el modelo westfaliano contra la versión islámica radical.

Esto último no deja de ser una interesante hipótesis. Pero no lo es el reto que supone la falta de orden internacional y la situación actual de guerra latente o de "no guerra" entre los poderes mayores del mundo. Desde la crisis de los misiles en Cuba, nunca hubo una situación de tan tensa rivalidad en el mundo. De dicha crisis ambos poderes, Estados Unidos y la Unión Soviética, extrajeron conclusiones diferentes y desestabilizadoras, pero como predominaba un régimen internacional, ambos lograron acuerdos estratégicos hacia fines de los sesenta y en los setenta.

Hoy tenemos una situación más peligrosa, pues en el territorio de Ucrania los combatientes son rusos y ucranianos. Pero en el segmento o nivel estratégico de la confrontación los oponentes son Rusia y Estados Unidos. La asistencia financiera y militar es la que ha hecho que la guerra sea larga y discernible en relación con el (hasta hoy) compromiso creciente de Occidente con Ucrania.

Pero la guerra ha sido el epítome de un proceso de búsqueda de ganancias de poder entre Estados que se inició hace muchos años, y que acabó por trastocar todos los equilibrios geopolíticos y estratégicos en el "cinturón" de Europa del este, particularmente en esa "región puerta" que es Ucrania (como la denominan los geopolitólogos).

Esa curiosa lógica de pretender maximizar poder y seguridad por parte de Occidente ha depreciado sensiblemente las posibilidades de alcanzar una configuración internacional. Acaso sea éste el principal rasgo del desorden disruptivo que tenemos hoy en el mundo: un estado internacional en el que los actores "que pueden" se muestran reluctantes a creer en las posibilidades de orden y en la conveniencia de culturas estratégicas existentes como activos públicos que proporcionen estabilidad.

Casi en todas las dimensiones de la seguridad internacional se extiende esta realidad centrada en el poder nacional y en los intereses nacionales primero, siendo acaso una de las más evidentes el segmento de las capacidades militares estratégicas, donde la disuasión parece un concepto peligrosamente dejado de lado por concepciones tendientes neutralizar la retaliación a un primer golpe atómico.

En este contexto de desorden internacional, la dimensión geoeconómica y tecnológica del mundo podría acabar siendo impactada por alguna situación que erosione el costo de la ruptura del comercio internacional, y se produzca entonces una desglobalización, es decir, la ruptura de la última red de contención ante el ascenso de la disrupción geopolítica global.

El especialista Robert Haass sostiene que hay un nuevo desorden internacional. En él, "las malas noticias superan a las buenas". Y la principal es la falta de consenso entre los actores para establecer mínimos acuerdos en viejos y en nuevas temáticas.

Haas es un realista, pero es muy discutible que lo que sostiene implique que nos encontremos en un nuevo desorden internacional. El desorden viene de hace tiempo. Podemos ser cautos y decir que desde la cooperación que permitió superar relativamente la crisis financiera de 2008 el clima internacional se fue deteriorando. Pero, en rigor, el “nuevo desorden” es el “viejo desorden” que se inició cuando, tras el fin de la Guerra Fría, en lugar de la búsqueda de un nuevo concepto relativo con el equilibrio, en Occidente se buscaron ganancias de poder para afirmar una primacía que con el tiempo terminó siendo desestabilizante, siendo la confrontación en Ucrania la más lamentable de sus consecuencias.

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sábado, enero 06, 2024

Las relaciones México-Argentina

 
Por Gustavo Ferrari Wolfenson (*)



Las relaciones entre México y Argentina siempre han sido un romance no consumado entre dos países que se admiran y a su vez se recelan. Si bien los lazos han tenido etapas muy cercanas y otras equidistantes, lo real es que la confraternidad entre ambas naciones siempre ha ido más allá de las opiniones o simpatías de los gobiernos de turno.
Desde el arribo a México de la primera gran camada de artistas de cine, cantantes y grupos folclóricos, ya sea por problemas políticos durante el primer peronismo o por el boom del cine mexicano de la década del 40 (un tema muy bien relatado por Silvia Mercado en su libro "Apold, el inventor
del peronismo"), la llegada de futbolistas a sumarse a los equipos locales en los 60´s, la corriente intelectual de los 70´s iniciada primero ante las amenazas de la Triple A y la posterior Junta Militar, el colectivo del presente siglo en busca de oportunidades laborales, estabilidad economía y el disfrute
de las bellezas de sus playas del caribe, siempre México ha significado un destino atractivo para el argentino, así como en los últimos años, principalmente la ciudad de Buenos Aires y
Mendoza, han resultado un descubrimiento cultural,
gastronómico y turístico muy enriquecedor para el mexicano medio y de clase acomodada.
En materia de relaciones diplomáticas, siempre México, se ha apegado a la Doctrina Estrada (doctrina de cuño internacional inspirada en 1930 en el canciller mexicano Genaro Estrada)
que señala que el país no anuncia públicamente el
reconocimiento diplomático de otros estados o gobiernos como parte de la no intervención en los asuntos internos de otros países.
Sin embargo, durante el golpe del 76 (yo trabajaba en ese momento en la embajada argentina en ese país), México tardó seis meses en reconocer a la Junta Militar, así como condicionó su apoyo durante el conflicto Malvinas a que el gobierno argentino otorgara el salvoconducto para la salida
de Argentina del ex jefe de Estado y ex embajador en ese país, Héctor Cámpora, asilado poco más de tres años en la sede de la embajada mexicana en Buenos Aires.
Durante estos últimos tiempos, durante el gobierno del presidente Alberto Fernández, a través del Grupo Puebla hubo una afinidad ideológica para profundizar el diálogo político a partir de “un modelo de crecimiento y de desarrollo orientado al bienestar de los sectores menos favorecidos y de
una economía inclusiva con justicia social”, y la cooperación a través del Acuerdo de Asociación Estratégica México-Argentina, conformado por las comisiones de Asuntos Políticos, de Cooperación y de Asuntos Económicos, Comerciales e Inversión. Para ello, se suscribió una Hoja de Ruta para la reactivación de los mecanismos bilaterales entre México y Argentina en 2021, que jamás terminó operando. 

En materia de relaciones comerciales entre ambos países se ubicó en mil 082 millones de dólares en el periodo enero- agosto del 2023, lo cual representó una caída de 17 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado, de acuerdo con las cifras de la Secretaría de Economía.

Cabe destacar que, en los primeros ocho meses de
2023, México exportó a Argentina 569.8 millones de
dólares, 14 por ciento menos que en 2022.
De igual manera, las importaciones de productos
argentinos tuvieron una caída de 19 por ciento anual.
Sólo en el mes de agosto del año pasado, las
mayores exportaciones que realizó México a Argentina fueron:
 Automóviles 13.6 millones de dólares)
 Autopartes (12.9 millones de dólares)
 Artículos farmacéuticos (4.7 millones de dólares)
 Vehículos para transporte de mercancías (3.5 millones
de dólares)
 Preparaciones capilares (3 millones de dólares)
En contraparte, los argentinos vendieron a México los
siguientes productos:
 Medicamentos / Preparaciones para usos terapéuticos o profilácticos (12.5 millones de dólares)
 Manzanas, peras y membrillos frescos (7 millones de dólares)
 Aceite de soya (6.2 millones de dólares)
 Vehículos de transporte de mercancías (6.1 millones de dólares)
 Vino (4 millones de dólares)

Un dato interesante es que la Ciudad de México es el mayor comprador de productos argentinos, pues del total de las importaciones en agosto 2023, el 54 por ciento lo adquirió la CDMX. O sea, el desenvolvimiento de la sede diplomática
y comercial de nuestro país hacia el interior de México y los contactos con las provincias han sido casi nulos.
Mirando un poco el presente y hacia el futuro, el comentario hecho por el actual presidente Andrés Manuel López Obrador, en el sentido de que los argentinos se metieron “un autogol” con la elección del Javier Milei, es parte del dualismo que la política exterior de México ha sufrido durante este sexenio,
donde el primer mandatario ha priorizado la renovación de sus socios comerciales a través del Tratado Trilateral de Libre Comercio conocido como T MEC (entre México, Estados Unidos, Canadá) y, curiosamente, una relación de armonía y diálogo mucho más fluida con la administración Trump, que con la actual del presidente Biden. Los otros instrumentos internacionales donde México es parte activa, no han tenido mayores protagonismos en este gobierno ya que López Obrador es un líder que detesta salir al exterior, reunirse con sus pares y ha dedicado sus seis años de gobierno a privilegiar su política interna sobre la internacional.
A pesar de ello, como diría la canción de Vox Dei: “todo tiene un final y todo termina”. En pocas semanas se inicia el proceso de sucesión presidencial que, al viejo estilo priista del siglo XX, ya ha tenido el dedazo del presidente saliente para
determinar quién será su sucesor. Por primera vez en la historia del país, todo hace pensar que una mujer, Claudia Sheinbaum, curiosamente de origen judío y no guadalupano, será la candidata ganadora a la presidencia de México marcando una continuidad del proyecto del “modelo de la "4ta Transformación” implementado por López Obrador. Los
números marcan que la popularidad con la que abandonará el actual mandatario su presidencia (superior al 60 por ciento) y los indicadores distribucionistas del país, hace muy difícil que
se produzca un triunfo de la coalición opositora.
Pero al viejo estilo del priismo, no siempre el sucesor es un fiel soldado de quien lo ungió y si bien la obediencia se marcará hasta el último día de gobierno del titular del ejecutivo saliente, ya hay señales que su sucesora está buscando acercamientos y llevar una política exterior más entrada en la
modernidad, el realismo y una presencia internacional con mayor actividad. La cooperación en temas como narcotráfico, el avance del fentanilo, seguridad, migrantes son parte de una agenda que se ha ignorado o desatendido y urge poner en
funcionamiento. 

El lavado pronunciamiento de México, en el conflicto Rusia-Ucrania y sobre todo el de Medio Oriente, ha movido a la posible próxima presidenta a buscar desde ahora canales informales de acercamiento con interlocutores del estado de Israel, y mucho más perteneciendo a una colectividad judía económicamente muy poderosa en el país. 

Los días que vienen para las relaciones México-Argentina en un nuevo proceso electoral, a nivel presidencial, estatal, municipal y legislativo, marcarán seguramente la necesidad de un seguimiento profundo en el conocimiento de un país,
sus actores, el rumbo que tendrá en sus próximos seis años y los beneficios que pueden presentarse en su alianza estratégica comercial de salir a vender, mucho más teniendo en cuenta los números a la baja que se han presentado en materia comercial.

En resumen, la pertenencia histórica y cultural de México y Argentina como parte de América Latina, subrayan la relevancia de la relación entre ambos países, más allá de los dichos del actual presidente López Obrador, para continuar impulsando la integración regional y sobre todo una relación
bilateral basada en el libre comercio y comprometida sobre la base de reglas establecidas mediante el consenso de los respectivos países.




(*) Nuestro Columnista radial GFW es Doctor en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Consultor Internacional en temas de fortalecimiento de gobiernos. Fellow del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Harvard. Ha trabajado en México como diplomático argentino, académico y consultor de gobiernos nacionales y
provinciales de ese país. Ha sido condecorado junto a su familia en dos
oportunidades por el gobierno de México por los servicios prestados al país y se
ha hecho acreedor del Premio Pontífes de Administración Pública por sus aportes
al mejoramiento de la calidad de gobierno.

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viernes, octubre 20, 2023

Terror y territorio, las dos "lógicas" del conflicto en Oriente Medio

 por Alberto Hutschenreuter




El ataque de Hamas a Israel, uno de los territorios más protegidos del planeta, causó conmoción y volvió a centrar la atención del mundo sobre esta sensible placa
geopolítica de Oriente Medio, separada por Turquía de esa otra placa que se extiende desde el Báltico hasta el Mar Negro donde también tronan las armas.
En Oriente Medio la dinámica de los conflictos mantiene una lógica propia, pues al sentimiento de humillación y frustración de los países árabes frente al poderoso
Estado de Israel y a la misma desunión árabe, se suma la fuerte rivalidad confesional y, en el caso de Irán, un país no árabe, la búsqueda de un reconocimiento de poder que
nunca podrá alcanzar mientras apoye y promueva el terrorismo y mantenga como objetivo la desaparición física de Israel.
En este complejo (y aquí reducido) contexto, ninguna parte ha sufrido más pérdidas y frustraciones que el pueblo palestino, pues no sólo no logró erigirse como Estado,
como lo hizo Israel en 1948 a partir de la decisión de Ben Gurion, sino que cada vez más se fue atomizando como territorio y población, pues los bolsones de refugiados
palestinos constituyen otra de las cuestiones mayores en la convulsa región.
Pero tal vez para los palestinos lo peor pueda estar por suceder. ¿Qué sería peor? No ya la imposibilidad de ser un Estado, sino la misma disolución del territorio palestino.
De hecho, las nuevas realidades que desde hace tiempo tienen lugar en la región han ido moviendo del centro el tema palestino. No se ha "licuado" la cuestión, por
supuesto, pero ha perdido visibilidad en la región y más allá. Y ello fungió favorable para Israel, sobre todo para el núcleo ultra religioso que forma parte del gobierno,
para el que todo puede llegar a ser negociable menos los límites del territorio, es decir, lo que en términos protohistóricos consideran territorio del pueblo israelí, el "Gran Israel Bíblico", una concepción geopolítica de cuño sagrado superior al territorio del Estado de Israel.
En este marco, resulta pertinente un artículo escrito recientemente en la influyente revista Foreign Affairs por Martin Indik, ex embajador estadounidense en Israel, y Zeil Ra´ad Al Hussein, ex Alto Representante de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
En dicho texto, los autores advierten sobre las concepciones político-territoriales que anidan en algunos miembros del gobierno encabezado por Benjamín Netanyahu, particularmente en el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich. Este funcionario, perteneciente al Partido Sionista Religioso, es un firme partidario de la anexión de Cisjordania a Israel, como sin ambages lo expuso en su ensayo de 2017 "El plan decisivo de Israel".

En sus palabras:
Lo que distingue a este plan de los demás es que "agarra el toro por los cuernos", abordando la raíz del conflicto y el fracaso, pasado y presente (y futuro), de las "soluciones políticas". No importa dónde los planificadores trazan sus fronteras propuestas, incluso si provienen de la llamada derecha (Sharon y Olmert tenían mapas; tal vez incluso Bibi tenga uno). La paz no surgirá mientras mantengamos nuestro control sobre las suposiciones iniciales de que esta tierra está destinada a contener dos colectivos con aspiraciones nacionales en conflicto. Si este es el caso, nuestros nietos y bisnietos estarán inevitablemente destinados a vivir por la espada.

En estos términos, el ataque terrorista perpetrado por Hamas podría crear una situación parecida a la que sucedió tras la guerra de 1967, cuando, como sostiene el ex canciller de Israel Shlomo Ben Ami, la contundente victoria militar de Israel sobre los países árabes produjo una ruptura en las referencias de identidad territorial que hasta entonces mantenía Israel. Es decir, los israelíes, o una parte importante de ellos, consideraron entonces que no había que conformarse con las fronteras reconocidas internacionalmente, sino que había que regresar a las fronteras remotas del pueblo de Israel.
Por ello, el ataque de Hamas podría volver a centrar esta cuestión, y si finalmente así sucediera, Gaza y Cisjordania, partes de aquel Gran Israel, pasarían a ser parte del Estado de Israel.
Sin duda, ello no traería orden, es decir, paz, pues no sólo el terrorismo de Hamas, su brazo armado y Hezbollah incrementarán su accionar terrorista en Israel y más allá,
sino que Irán, el valedor de ambos, podría pasar a la acción aun sabiendo que sus capacidades son inferiores a las de Israel y, por supuesto, a las de Estados Unidos.
Además, y ello sería funcional para Teherán, se podría detener el proceso de acercamiento entre Arabia Saudita e Israel (uno de los posibles propósitos detrás del ataque terrorista de Hamas), pues difícilmente los árabes vayan a aceptar la consumación de esa decisión geopolítica-religiosa de Israel.
En breve, en Oriente Medio predomina una lógica prácticamente irreductible: el terror es la respuesta a la geopolítica y la geopolítica es la respuesta al terror.

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martes, octubre 10, 2023

Guerra y tensión en la placa geopolítica de Medio Oriente

Por Alberto Hutschenreuter




El sábado 7 de octubre, el movimiento islamista Hamas y su brazo armado, las Brigadas Al Qasam, lanzaron un ataque coordinado y letal sobre el territorio de Israel, uno de los más protegidos del mundo.


      ¿Fue una sorpresa para Israel? En buena medida lo fue, pues si bien los enfrentamientos entre las partes son cotidianos, las autoridades israelíes posiblemente confiaban en que su contundente capacidad de respuesta a los ataques aéreos provenientes de Gaza restringiría acciones más desafiantes por parte de las milicias. Además, las terribles condiciones socioeconómicas de los cientos de miles de palestinos dentro de ese gueto que es la franja de Gaza frenarían, consideraba Israel, los impulsos de los extremistas.


      Esta situación, más evidentes faltas de la inteligencia israelí, proporcionó al movimiento Hamas un grado de sorpresa que aumentó la letalidad de sus acciones sobre más de veinte ciudades del sur de Israel, asolando, asesinando y secuestrando a la población.


      Dos días después del ataque y de la respuesta, el número de muertos sobrepasa los 2000, y la guerra podría extenderse si en el norte de Israel las poderosas milicias de Hezbollah, el apéndice militar y confesional de Irán en el Líbano, decide escalar los ataques a Israel.


      El rápido ascenso de la violencia es una de las características de una placa geopolítica selectiva. En el mundo hay tres (Europa del este desde el Báltico hasta el Cáucaso; Medio Oriente/Golfo Pérsico y la zona del Indo-Pacífico), en dos de ellas hay guerra, tensión y enorme acumulación militar, y hay actores con armas nucleares. Pero el común denominador de las mismas es que en esas zonas o franjas de fractura una crisis local-regional puede convertirse en continental y mundial.


      Es cierto que la placa de Oriente Medio presenta algunos rasgos muy propios, por caso, el carácter irreductible de algunas de las rivalidades, particularmente en torno a Irán e Israel: ¿cómo imaginar una negociación cuando el primero no sólo no reconoce al segundo, sino que plantea su misma desaparición? Por otra parte, si Israel mantiene un enfoque geopolítico sagrado sobre determinadas tierras, Cisjordania concretamente, resulta imposible considerar escenarios de superación de la violencia, pues jamás los palestinos alcanzarán un Estado independiente y soberano. Por ello, los Acuerdos de Abraham, de septiembre de 2020, sin duda suponen un nuevo orden regional, pero difícilmente será un orden con paz, y los hechos sangrientos de estos días lo evidencian.


      Porque tales acuerdos implican algo así como un pacto que asegura un equilibrio desequilibrante en la región, pues se trata de un pacto que fortalece a actores que construyeron poder, como Arabia Saudita, Turquía, Qatar, pero aísla a otro que también construyó poder, Irán.


      Por ello, como bien sostiene el experto Marcelo Cantelmi, hay un dato clave para comprender el ataque de Hamas, y es que el mismo tendría como propósito sabotear el avance diplomático de Israel con los países árabes.


      En esta línea, George Friedman, director de "Geopolitical Futures", considera que el objetivo de Irán, el actor que respalda y financia a Hamas y Hezbollah, reside en que la reacción militar de Israel a los ataques de Hamas terminará por dejar en una situación incómoda y vergonzante a los árabes, es decir, los obligaría a replantear un eventual acuerdo con Tel Aviv, pues para Teherán (y no pocos sectores del mundo árabe) resultaría casi imposible un acuerdo entre árabes e israelíes que "descarte" la cuestión palestina.


      No ha sido una casualidad que el ataque de Hamas se produjera dos semanas después de las negociaciones entre saudíes e israelíes para alcanzar un acuerdo, las que llevaron a que Mohammed bin Salman, "MbS", príncipe heredero y primer ministro del reino, sostuviera que ambos países estaban cerca del "mayor acuerdo histórico desde la Guerra Fría".


      Hay que recordar que Israel ha normalizado relaciones con Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Marruecos, de modo que un acuerdo con Arabia Saudita cerraría una estrategia que aislaría a un ya presionado Irán (que, sin embargo, ha enriquecido uranio mucho más allá del nivel permitido por las autoridades internacionales, como lo advirtió hace poco el analista Julian Schvindlerman).


      En este cuadro, Estados Unidos, un actor mayor que tras el 11-S se ha ido retirando de la región, sobre todo desde que se convirtió en un gran productor de petróleo y gas de esquisto, es uno de los principales impulsores de un acuerdo saudita-israelí, situación que funge favorable para Riad que aspira a contar con un apoyo mayor de defensa estadounidense, al punto de convertirse Arabia Saudita, si hay acuerdo, en uno de los principales aliados de Estados Unidos.


      El ataque de Hamas también hay que relacionarlo con la pérdida de centralidad que tenía la cuestión israelo-palestina. Durante los últimos quince años han ocurrido nuevas situaciones en la región, desde la guerra en Siria hasta el surgimiento del ISIS, pasando por la ruptura Hamas-Fatah, el retiro de Estados Unidos, el aumento de la presencia diplomática y geoeconómica de China, los acuerdos entre petromonarquías e Israel, etc., hechos que impactaron en el nivel de visibilidad internacional de dicha cuestión.


      Esa pérdida de centralidad se constata en el hecho relativo con que hace medio siglo eran los países árabes (Egipto, Siria) los que atacaban sorpresivamente a Israel. Hoy el ataque lo realiza un movimiento islamista. En cuanto a aquellos Estados, críticos en el Oriente Medio del pasado, uno firmó la paz con Israel mientras que el otro hace más de una década se encuentra en una guerra interna en la que participan múltiples actores.


      Por tanto, si los cambios y la diplomacia redujeron o lateralizaron el reclamo o causa de los palestinos, hay que volver a colocarlo en el centro. ¿Cómo? A través de la violencia extrema. Pero ello, paradójicamente, termina fungiendo “favorable” para  Israel, pues así jamás se podrán hacer concesiones territoriales. En otros términos, no se puede ni se debe cumplir con la Resolución 242 del Consejo de Seguridad, que prevé, precisamente, un intercambio de territorios por paz.


      En este contexto, es difícil trazar perspectivas. De lo que sí podemos estar seguros es que el ataque de Hamas significó un antes y un después en la convulsa placa geopolítica de Oriente Medio.


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viernes, septiembre 29, 2023

La geopolítica por todas partes

 Por Alberto Hutschenreuter





Hace poco más de treinta años, algunos pensadores decretaron el fin
de varias disciplinas y actividades. Se trató de algo bastante
habitual, pues casi siempre que un ciclo internacional va llegando a
su final surgen enfoques que nos adelantan cuál será el escenario que
nos aguarda y qué podremos esperar del mismo.


 Pero cuando la Guerra Fría llegó a su fin y la URSS se desplomó, hubo
un "exceso de certidumbre" sobre el rumbo del mundo. No sólo
predominaban conjeturas de colores, como las relativas con los bloques
comerciales, la justicia internacional y la aldea global, sino que no
pocos expertos consideraron que había llegado el momento terminal de
múltiples temáticas.


 Por supuesto, la geopolítica, una disciplina nacida hacía menos de un
siglo, fue una de las que más sufrió el impacto de esa arrogancia
intelectual, y así fue que se determinó "el fin de la geopolítica". A
partir de entonces, la geopolítica pasó a ser todo menos política y
territorio, es decir, era todo menos geopolítica, pues si hubo un
retorno de la geopolítica tras el final del bipolarismo, como se
sostuvo, ese retorno implicó la desnaturalización de la disciplina.


 Además, al tratar intereses de los Estados en relación con el
territorio, la geopolítica era incompatible con el "régimen" de la
globalización que trataba sobre la complementación geoeconómica de los
Estados, hecho que redundaba en el interés o ganancia de todos.


 En los noventa, la globalización fue un fenómeno tan extendido como
totalizante, de modo que solo podían ser aceptadas aquellas realidades
y situaciones que fungían favorables a la misma. En su sentido
tradicional, claramente la geopolítica no tenía lugar en ese nuevo
escenario.


 Sin embargo, mientras la globalización predominaba, en el sur de
Europa no solamente predominaba la geopolítica en la disgregación de
Yugoslavia, sino que lo hacía desde sus términos más deletéreos:  la
concepción suelo-racial, como sucedió en la Srebrenica, Bosnia, "zona
protegida" por la ONU donde miles de personas pertenecientes a la
etnia bosnia-musulmana fueron masacrados por grupos paramilitares
serbios.


 En paralelo ocurrían otras situaciones de cuño geopolítico en
distintas partes del mundo. Pero fue acaso el mismo proceso de
globalización el caso más categórico de geopolítica ejercida por otros
medios, es decir, captación de mercados (los territorios de la
globalización) a escala global. La propia doctrina estratégica de la
principal potencia del mundo se refería a ello, una concepción basada
en una "geopolítica suave".


 Finalmente, la década y el siglo se cerraron con un hecho
categóricamente geopolítico, la ampliación de la OTAN, un hecho que
con el tiempo tendría serias consecuencias, y el siglo nuevo despuntó
con un acontecimiento geopolítico, la actividad del terrorismo
transnacional a escala global y perpetrando ataques sobre el
territorio más protegido del planeta.


 En los años siguientes, la geopolítica no sólo continuó siendo la
geopolítica, sino que se ampliaron actividades de los Estados en el
espacio exterior, hecho que Everett Dolman ha denominado
“Astropolitik”, y se sumó el inconmensurable "territorio" de las
redes. Asimismo, también se afirmó la cuestión relativa con los
territorios ancestrales, es decir, territorios relativos con las
identidades y pueblos.


 Por ello, no fue un acierto sostener que tras la anexión o
reincorporación de Crimea por parte de Rusia hubo un  "retorno la
geopolítica", pues nunca podía estar de vuelta aquello que jamás se
había marchado. Es cierto que el escenario internacional se deterioró
sensiblemente a partir de aquel acontecimiento, pero las cuestiones
asociadas con intereses, territorios y poder eran una constante desde
principios de los años noventa, cuando la geopolítica de tiempos de
Guerra Fría dejó de estar centrada en las ideas y prácticas de los dos
polos, para diversificarse o pluralizarse sin que por ello sufriera
cambios en sus términos esenciales.


 La pandemia no implicó ningún cambio de valores relativos con un
estado internacional de colaboración extendida, y durante la infección
global la geopolítica no sufrió cuarentena alguna. Más todavía, en
paralelo a la cooperación internacional se registró una rivalidad que
dio lugar a dos nuevos conceptos: por un lado, la “geopolítica de las
responsabilidades”, esto es, marcar al causante del virus; por otro,
la "geopolítica de las vacunas", esto es, una situación de pugna entre
los poderes por lograr ganancias regionales, continentales y globales
en términos de influencia.


 Poco tiempo después ocurrió la invasión rusa a Ucrania (una operación
defensiva desde la concepción doctrinaria de Moscú) y comenzó la
guerra, otro fenómeno que, como la geopolítica, es una regularidad en
la historia. Ninguna de las "dos G" retornan: siempre están.


 Hay geopolítica por todas partes, incluso en aquellos sitios con poca
tradición de enfrentamientos interestatales, por caso, América Latina,
donde el retroceso de la complementación geoeconómica reduce las
posibilidades de la región como actor relevante en el mundo. En buena
medida, ello se debe a que en la región sí hay un retorno de la
geopolítica, hecho que se constata en el fortalecimiento de las
soberanías nacionales.


 Más allá, las cuestiones internacionales e interestatales con anclaje
en la geopolítica son numerosas. Desde la placa que se extiende entre
el Báltico y el Mar Negro-Cáucaso hasta la placa del
Indo-Pacífico-Nor/Asia, pasando por la del Mediterráneo
oriental-Oriente Medio-Golfo Pérsico y la franja del Sahel, los
intereses políticos con sentido territorial son abrumadores.


 Se trata de una realidad completamente opuesta a una configuración
internacional, pues el estado de tensión, conflictos latentes y
choques intermitentes (como los que suceden entre India y Pakistán o
entre China e India por cuestiones categóricamente territoriales)
supone un desorden internacional y mundial disruptivo.


 No obstante la fuerte concentración de temas con base en el factor
político-territorial, hay perspectivas que tienden a relativizar dicho
factor como consecuencia del ascenso de la conectividad, la
inteligencia artificial, las nuevas ideas y hasta la denominada
"geopolítica de las partes compartidas". De allí que se hable de una
"geopolítica constructivista”, pues con aquellas cuestiones en ascenso
el territorio o el “engaño territorial” sucumbirán a la necesaria
cooperación internacional.



 Pues bien, como advierten Angela Kane y Wendell Wallach, no se sabe
cómo la IA, para tomar lo principal en materia de cambio de escala y
potencialidad, transformará la geopolítica y las relaciones
internacionales. Pero los escenarios no colocan demasiado el acento en
la ética y la cooperación, pues se considera que la IA contribuirá a
nuevas formas de inequidad. Asimismo, se aprecia que el
posicionamiento de compañías tecnológicas implicará tensiones entre
éstas y los Estados (es lo que Ian Bremmer denomina “tecnopolaridad”).
Por último, la IA aumentará sensiblemente la utilización del
“territorio” digital con fines relativos con la manipulación intra e
internacional.



 Concluyendo, sin duda que están ocurriendo cambios en el mundo. Es la
primera vez que la humanidad se encuentra frente a un horizonte
verdaderamente nuevo e incierto. Pero más allá de las expectativas que
despiertan los “nuevos tópicos”, lo que difícilmente suceda en las
próximas décadas son cambios relacionados con los intereses, las
ambiciones, las rivalidades, el poder y el Estado. Es decir, nada
neutral ocurrirá en la política internacional; y ello supone,
seguramente a través de otros medios y bajo otra naturaleza, la
continuidad de la geopolítica.

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